meche_ingHay hilos ocultos que se manifiestan de manera imprevisible. Los cineastas de la  incomunicación y la soledad, han decidido marcharse juntos. En este número especial de cine, no podemos dejarlos ir, así sin más. Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni han dejado un legado que trasciende sus propias obras y se expresa en la enorme influencia que ejercieron sobre nuevas generaciones. Una mirada desde el recuerdo, la complicidad y la admiración. Aquí los dejamos con una representante de esa generación, que los encontró en el auge de su producción, como “monedas preciosas de nuestra vida cotidiana”. 
Por Alicia Migdal

cyr_ber_006 Es diferente la resonancia de la pérdida de los grandes maestros para quienes nos formamos contemporáneamente a su producción, a medida que sus películas se estrenaban en un Montevideo todavía cosmopolita y todavía con cines en el centro y distribuidores atentos a la gran producción europea. Ingmar Bergman, Michelangelo Antonioni, Federico Fellini, Luchino Visconti y Alain Resnais eran el quinteto de los grandes cineastas que marcaron, de modo hegemónico,  el gran lenguaje  del cine europeo. Monumentos de la imagen, contrapuestos y paralelos al estilo de los realizadores de la nouvelle vague francesa.  Los años 60 los encontró  a todos ellos en plena producción, y quienes éramos adolescentes en esos años nos acostumbramos a esperar sus films como monedas preciosas de nuestra vida cotidiana. Así como pasa en el presente con Woody Allen, que nos ofrece una película por año, con ellos –de producción más  espaciada y selecta- había una expectativa de recepción que se cumplía con ritmo y grandeza. Nunca más la historia del cine occidental tuvo otro seleccionado tal de autores personales, con una visión del mundo y un lenguaje cinematográfico singular y completo en cada uno.

cyr_anto_004 Si insisto en “aquel Montevideo” no es por inútil nostalgia, sino para caracterizar una experiencia de aprendizaje estético que después sólo quedó en el ámbito de Cinemateca Uruguaya, lugar de estreno del cine no estadounidense y ventana al mundo de otras culturas. Ya a la altura de Fanny y Alexander, una de las obras mayores de Bergman, su cine, así como el de sus compañeros de generación,  había dejado de entrar por la puerta masiva de las salas comerciales de estreno, y sólo se podía ver en la Cinemateca. Políticas no- culturales del negocio cinematográfico, que son, en realidad, una forma de política cultural por omisión. Lo cierto es que de los 80 para acá esos autores de culto y de reconocimiento mundial ya no integraban el circuito de acceso espontáneo. El orgulloso Uruguay culto y educado ya no lo era tanto.

cyr_ber_010 La muerte casi simultánea de Bergman y Antonioni, del “ogro sueco” y del italiano esteticista, han removido memorias personales, recuentos históricos, melancolías culturales y diferencias generacionales. Para muchos espectadores contemporáneos a la obra de ellos, eran dos señores herméticos y complicados, atormentados por dilemas ajenos a nuestras uruguayas angustias, que nos obligaban a esfuerzos intelectivos reñidos con el placer del entretenimiento o del compromiso político. Para otros, muchos otros,  estas muertes consolidan otras pérdidas. Antonioni, hemipléjico desde hacía años pero sin embargo con posibilidad de un hacer a través de otros (con Wim Wenders en Más allá de las nubes) fue un autor no prolífico, cuyos mayores aportes se dieron en los 60 (La aventura, El eclipse, La noche, El desierto rojo, Blow up) y dejaron una marca emocional y estética de cuya originalidad nunca se apeó ni él ni sus admirados: los tiempos muertos, las imágenes de la soledad urbana, el no-pasar-nada de sus historias, la calculada lentitud narrativa, son atributos de un lenguaje coherente y fiel hasta la muerte a sus propias consignas. Recomiendo especialmente volver a ver Blow up, la primera experiencia de Antonioni fuera de Italia, hecha a partir del cuento de Cortázar “Las babas del diablo”: hay una formidable anticipación de los modos de la cultura pop y tecnológica en ese relato en el que se logran tensiones y fascinaciones formales con el ritmo de una gran ciudad.

cyr_ber_009 Bergman es el más completo y múltiple autor:  hombre de teatro, director de cine, escritor superior, genio taciturno y temible, representa el mayor fenómeno de artista completo y complejo del siglo XX en las artes de las representaciones escénicas. Toda la gama de lo humano ha sido narrada por él en el cine: desde el más profundo y hermético dilema religioso a la más cercana y compartible experiencia de la vida en pareja. El suyo ha sido el más fino oído para el mundo femenino, el más despiadado director de actrices y de actores en el teatro, en el cine y en la vida privada. Porque todo muere, su muerte casi nonagenario no fue una sorpresa , pero sí la pérdida de la próxima película, del último descubrimiento.

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