Cafés
Casos y Rostros Abril 16th, 2007
Ese ambiente cálido, que generan cientos de tazas humeantes, incita a dejarse imbuir en un aire de complicidad. Entre sorbo y sorbo, los presentes entremezclan amistades, desbordan sus pasiones y afrontan sinsabores. Así, las paredes de esos aromáticos espacios encierran un centenar de anécdotas e historias, en las que no se conocen tiempos verbales, sino expresiones de nostalgia y poesía. Estos depósitos de granos se convirtieron en refugio de artistas e intelectuales, quienes, atraídos por ese característico aroma, se dedicaron a hilvanar historias y utopías, mientras la vida seguía su curso del otro lado de la acera. Los cafés son lugares donde se producen reencuentros postergados, conquistas y nuevos encuentros. En el café se vive el recuerdo y se planifica el futuro, se cierran negocios y empresas, amores y despedidas. Todo eso es el café. Y como dijo John Lennon “ La vida es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo otros planes”. Muchas veces, tomando un café.
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Montevideo, café bar.
La historia de los cafés es larga y humeante. Alrededor del año 1720, en Montevideo, abría el primer café. El Cabildo de Montevideo se instalaba y se abrían cafés que albergaban las costumbres de la época. Café del Comercio o Café de la Alianza, primeros cafés españoles o independentistas. Ya más adelante el “almacén y bar” o el “café y bar” que rememoran nuestras dichas y desdichas.
El Bacacay, frente al Solís tiene una tradición de años, cuando el bar “del Vasquito” era encuentro de artistas y personalidades. Hoy en día, actualizado y reciclado, integra el circuito de la nueva “movida” de la ciudad vieja. El Brasilero es otro ejemplo de espléndida actualidad. Luces al estilo “art nouveau”, rodeado de madera, sillas Thonet de 1903 y hermosos ventanales es un ejemplo de que el tiempo es sinónimo de elegancia, no de decadencia.
Tampoco podemos dejar de nombrar al viejo almacén de botellas polvorientas, mostradores y polvo que nació cerca del Río de la Plata, “El Tabaré”. Allí cantaron Carlos Gardel y Alfredo Zitarrosa, y todavía más cerca Caetano Veloso y Café Tacuba. Hoy es un infaltable punto gastronómico, renacido de sus propias cenizas.
Cafés humeantes en soledad o compañía, como los de Fun Fun fundado en 1895, célebre por su “uvita” y los famosos personajes que por allí transitaron. Gardel dejó una foto autografiada; Julio Sosa, Pugliese o el mismo Piazzola lo honraron con su música. La pared está tapizada de recuerdos. Montevideo en un café.
Buenos Aires, Alfonsina y Gardel
Cafés con sabor a tango, política y encuentro. Los ideales se tejieron en sus cafés. El café porteño alberga historias inmemoriales de personajes y épocas. Porque Bs As es necesariamente una ciudad de cafés, como lo puede ser París o Barcelona. Por eso elegimos solo uno para no caer en faltas y excesos. El café Tortoni.
Aunque el Café Tortoni forma parte de la historia de Buenos Aires, pocos conocen, a ciencia cierta, sus orígenes. Dicen que un inmigrante francés de apellido Touan lo inauguró en 1858 y que el nombre lo tomó de un establecimiento del Boulevard des Italiens, donde frecuentaba la elite parisina del siglo XIX. Para aquel entonces, se sentaba entre sus mesas de roble y mármol un grupo de pintores, escritores, periodistas y músicos que formaban la Agrupación de Gente de Artes y Letras, liderada por Touan. Con el paso del tiempo, sus enmaderadas paredes presenciaron los encuentros de artistas como Alfonsina Storni, Benito Quinquela Martín, Carlos Gardel, Baldomero Fernández Moreno, Jorge Luis Borges, Luigi Pirandello o Federico García Lorca. Quienes lo conocen, dicen que en su interior pareciera que el tiempo se hubiera detenido como un daguerrotipo: todavía se observa a la gente charlando, jugando cartas o simplemente tomando un café o un té saborizado. Hoy, sus visitantes acompañan sus tertulias con chocolate caliente y churros o disfrutan del cierre de jornada entre una cerveza, tablas de quesos y copas de vinos.
Lisboa, Pessoa en bronce
“No soy nada / Nunca seré nada / No puedo querer ser nada / Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo”
F. Pessoa
En el 120 de la Rua Garret, junto al Hotel Borges, en pleno corazón del Chiado lisboeta, se encuentra el célebre café A Brasileira. En un maravilloso entorno art nouveau, con detalles neocoloniales, se sirven aromáticos pequeños y fuertes desde 1905. Su fachada en verde y dorado seduce a los visitantes a recorrer su interior, que está hecho en madera oscura y adornado con espejos. Este es el punto neurálgico para todos los amantes del autor de “El libro del desasosiego”. Rodeada por curiosos y turistas, la estatua en bronce en la terraza, perpetúa la historia de la literatura y de una ciudad.
Budapest, Al otro lado del mundo
El famoso Café New York está situado en 19th century Art Nouveau. Su opulento interior y sus vínculos literarios le confirieron ese aire de misticismo, que atrajo a los artistas de elite y a los más famosos escritores, para quienes siempre se tenía dispuesto papel y tinta. Desde 1895, se ha convertido en una institución de la vida cultural de Budapest y en una referencia de decoración. Sus paredes sirven de especie de vitrina de frescos hecho por pintores famosos, que los visitantes admiraban.
Aunque los estalinistas pretendieron acabar durante la guerra con el mundo elitesco, el café New York volvió a ser lo que era, una vez culminado el conflicto. Sin embargo, la huella de la guerra jamás se borró: en 1953, un tanque destruyó la parte exterior del café y nunca fue reparada.
Caracas, a toda salsa y café
El caraqueño no puede vivir sin café, literalmente. Un marrón (cortado), un guayoyo (café liviano) o un negrito corto y potente. Así son los cafés que se sirven en todos lados y los cafetines crecen como el calor en el asfalto. La migración europea fue la que contribuyó a crear ese aire mundano de Sabana Grande en la década de los setenta, al poblar de tratorías y cafés el área de la Gran Avenida. Allí se congregaron los grupos artísticos e intelectuales de la ciudad, quienes solían frecuentar las librerías antes de pasar por El Viñedo, Chicken Bar, el Gran Café o el Piccolo. En aquella época las personas preferían caminar por el boulevard para contemplar las vitrinas, donde el Gran Café era un recinto obligado. Caracas, calurosa y salsera, bellezas miss y telenovelas. El café también es un legado de su tierra.
París, Cafés del existencialismo
Uno de los más antiguos restaurantes de París es Le Procope, fundado en 1686 a unos metros del Carrefour del Odeón. Dicen que este clásico de la cocina francesa fue la cuna del Enciclopedismo, así como el lugar favorito tanto de Racine y Moliere, como de La Fontaine y de Verlaine. En sus paredes cubiertas por numerosos espejos antiguos, se habrá reflejado la imagen de Oscar Wilde o de Balzac, a quien los críticos nunca otorgaron un puesto en la Academia Francesa.
En el barrio sexto, en el boulevard Saint-German des Prés, se encuentran la Braserie Lipp y el café Deux Magots, donde distintos grupos de intelectuales se embriagaban de poesía. A sólo unos pasos del Deux Magots, se consigue el Café de Fiore, lugar de tertulia de Jean-Paul Sartre, “padre del existencialismo” y Simonne de Beauvoir, donde entre risas, cigarrillos y café se desarrolló una de las corrientes filosóficas más importantes de nuestro siglo. En el Café de Fiore cada año se entrega el homónimo premio literario, que ha distinguido entre otros a Michel Houellebecq.
También sobreviven La Coupole, Polidor y el café Select, donde no sólo se podía encontrar a los pintores de Montparnasse sino a autores como Hemingway, Henry Miller, Ezra Pound y Gertrude Stein. No podemos despedir París, sin antes visitar el famoso Café de la Paix. Este café abrió sus puertas al mismo tiempo que la Opera de París. Aún conserva la decoración diseñada por el propio Charles Garnier, arquitecto del edificio de la Opera. Durante décadas fue el centro de reunión de músicos, libretistas y directores de escena. Compositores como Giuseppe Verdi crearon sobre su aroma humeante, al mismo tiempo que se marcaron las diferencias entre la ópera alemana o la italiana sobre sus mesas.
España, la tierra prometida
El aspecto turístico de una ciudad se incorpora necesariamente a la vida de un café. Así como la catedral de la Sagrada Familia y el parque Güell de Gaudí representan para cualquier visitante de Barcelona una parada obligada, también debe serlo el Café Zurich. Zurich muestra una ancha y bulliciosa ciudad que necesita exhibir su belleza. Quienes se sientan en su terraza y admiran la vida catalana, no pueden dejar de maravillarse con el mosaico de culturas que transita la Barcelona de hoy. Irlandeses, alemanes, marroquíes, sudamericanos, japoneses y cuanta variedad se pueda sostener con la mirada. Es difícil conservar un punto de referencia sin perderse entre los miles de turistas. El Zurich es un punto, una estrategia, una quietud dentro del movimiento. Es el punto por excelencia para echarle un vistazo a la Plaza Cataluña y el lugar ideal para tomar fuerzas, antes de comenzar el recorrido por las Ramblas. Hoy, la visita al antiguo café es casi de rigor, el café fue reconstruido en el mismo sitio y con el mismo mobiliario dentro del Centro Comercial El Triangle. Alli se sirve café con hielo para las calurosas tardes de verano o el tradicional “tallat” (cortado en catalán).
Madrid es otra cosa. La cultura madrileña se posa en cafés desde tiempos innombrables. En lo que respecta a Madrid, el café literario por excelencia se aloja en el conocido Paseo de Recoletos. Allí, el asturiano Gumersindo García fundó en 1888 el Café El Gijón, que más tarde vendería con la condición de que no dejara de ser café, ni cambiara el nombre que le había puesto en honor a su ciudad natal. El lugar se popularizó entre los locales por las tertulias de los intelectuales de la posguerra y se convirtió en el foco de las discusiones artísticas, así como epicentro de las reuniones de corte moderno, donde participaban las mujeres. En su humeante recinto no faltaba la presencia de Camilo José Cela, Antonio Gala, Ramón y Cajal, Alejandro Casona, entre otros escritores. Pero España, merecería un especial.






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