cyr_compras_004 Síndrome surgido en las sociedades ferozmente consumistas. Dicen que la mujer es más propensa; mientras el hombre puede disfrutar más de lo abstracto (el dinero), la mujer disfruta mucho más con lo que se consigue con él. En la literatura uno de los más bellos exponentes literarios se encuentra en Madame Bovary, que llevó a su familia a la más completa bancarrota. Hoy en día, las mujeres están todavía más propensas al exceso compulsivo de la compra porque la publicidad apela cada vez más a la emoción, en un plano casi hipnótico. Nuevos estudios observaron cómo se enciende el cerebro ante vidrieras y marcas. Nuestro organismo reacciona ante el placer, e inevitablemente, muchas veces sucumbe.


En Estados Unidos le llaman “buying spree” o frenesí de la compra y lo cierto es que hay personalidades básicamente más propensas, pero siempre hay que estar prevenidos.

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El frenesí de la compra

No importa si son artículos caros, o de mercadillo, lo que sucede es que la persona siente una necesidad frecuente, absoluta e incontrolada de comprar, que si no es satisfecha se asocia a un estado de ansiedad, irritabilidad y malestar.

Hay que distinguir entre el placer ante el que prácticamente todo el mundo sucumbe en algún momento bajo la presión de la sociedad occidental consumista y la compra como verdadera adicción.

Según psiquiatras, existen ciertos elementos de la enfermedad adictiva:

  • Preocupación por ir a menudo de compras
  • Dedicación a este fin de un tiempo superior a lo razonable o proyectado
  • Comprar por encima de lo que uno puede permitirse
  • Adquisición de objetos no necesarios e inútiles.
  • Sensación momentánea de un inmenso placer al haber satisfecho el deseo, que más tarde se transmuta en sentimientos de remordimiento y culpabilidad.

Muchas adicciones pasan invisibles, hasta que las tarjetas se sobrelimitan en exceso y hacen dar cuenta del problema.

Sociedad, divino tesoro

El escritor Gustave Flaubert convirtió a Emma Bovary en un fascinante personaje atormentado en busca del verdadero amor, que no cesaba de adquirir vestuario personal de lujo mediante una gestión secreta a base de préstamos hasta llevar a su familia a la bancarrota.

Las mujeres de otro tiempo, al igual que las de ahora, buscaban la felicidad en las grandes vitrinas y galería de grandes tiendas. Mediante las compras deseaban alcanzar desde el lujo hasta el amor. Las mujeres de hoy, además, están sometidas a un continuo acoso publicitario en una sociedad de consumo que se convierte en el eje que da sentido a la vida.

Muchas mujeres occidentales cuando tienen un contratiempo o disgusto, buscan la compensación a ese malestar en el acto compulsivo de comprar.

Según Erich Fromm “nuestros deseos de comprar vienen más del exterior que del interior, impulsados por la publicidad que ha transformado el sistema de ventas a partir de la mentalidad tecnificada del siglo XIX”. Hoy en día, la publicidad moderna ha desarrollado una nueva vía: la emoción. A modo de sugestión hipnótica, perfumes, casas, hipotecas, yogurt, cigarrillos, así como cualquier producto, se apoya en la emoción antes que en la razón. Imágenes y palabras nos bombardean todo el tiempo a un nivel muy profundo del ser.

El cerebro encendido

Cada vez que una persona tiene el impulso de comprar algo que le resulta apetecible o lo compra, se enciende una lucecita en zonas concretas del cerebro, tal como se ha demostrado en modernas técnicas de neuroimagen. Los científicos denominan “circuitos de recompensa”, a estos caminos responsables de la sensación de placer perceptivo. Los compradores compulsivos tienen una disminución de los niveles de dopamina, el neurotransmisor por excelencia de la recompensa, pero al satisfacer su necesidad el cerebro dispara la liberación de dopamina y las luces del cerebro se iluminan intensamente y se mantienen encendidas.

Un equipo de investigadores del MIT, de Pittsburg, ha publicado un nuevo estudio en la revista Science. Seleccionaron 26 voluntarios, a los que se les asignó un presupuesto para compras virtuales. Cuando se les mostraba el precio, en ese caso excesivo, se activaba la zona del cerebro conocida como ínsula, en tanto que se apagaba otra región en el córtex prefrontal. Los científicos afirman que el cerebro estaba evaluando si el placer de adquirir podía contra el desagrado de gastar dinero. En estos consumidores, recompensa y placer pueden más que precios prohibidos. Disparadores químicos, todo está en las luces que se encienden y como manejamos los impulsos.

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Indefensos y vulnerables

Las más propensas, son las mujeres. En fase premenstrual, se intensifica significativamente. Pero claro, atención que los hombres tampoco están ajenos y sus compras son todavía más peligrosas, porque van desde el último modelo de auto a tecnología de punta.

La adicción a la compra, se asienta sobre una personalidad neurótica, exageradamente tímida e insegura. Baja autoestima, sentimiento de culpa y desfiguración de su imagen corporal. Nivel de inteligencia medio alto y nivel cultural elevado. Según los psiquiatras “Adquirir cosas distinguidas les hace sentirse mejor porque evidencian su poder adquisitivo y un gusto refinado, y eso hace que momentáneamente aumente la autoestima”

Pongamos atención en estas recomendaciones:

Defensas

  • Abstenerse de comprar cuando uno se sienteen horas bajas o se encuentre afectado por el hambre o cansancio.
  • Aprovechar los momentos de euforia para divertirse en lugares alejados de grandes almacenes y tiendas.
  • Limitarse a adquirir los artículos incluidos en la lista de la compra, elaborada tranquilamente en casa.
  • Procurar no salir de compras en soledad.
  • Intentar pagar con dinero metálico y restringir lo más posible el recurso de las tarjetas de crédito. Ver físicamente el dinero siempre nos crea peor conciencia.

Estemos preparados. El nuevo mundo, tecnológico y globalizado, nos trae infinitas ventajas, del mismo modo que desventajas. La psiquis del ser humano siempre necesita saldar la búsqueda de lo mismo, amor, comprensión, tolerancia. Las adicciones ocultan una autoestima muy baja, e insatisfacciones e ideas preconcebidas sobre uno y los demás. Por eso, se aconseja tomar contacto con lo natural, los animales, los paisajes, el mar, para volver a conectarse con uno mismo.

Recientes estudios, han demostrado que el estar con animales, plantas y lugares libres de la mano del hombre, nos eleva los niveles de serotonina, de bienestar y salud. El ser humano necesita sentirse conectado con lo esencial, en definitiva, a lo que pertenecemos como un todo. Menos shopping y más naturaleza.

 



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