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Investigadores de Boston verifican teoría de finales de los sesenta. Aparte de ser una de las expresiones populares que más usamos a diario cuando nos encontramos ante una situación de casualidad entre dos personas que dábamos por desvinculadas y que resultan conocerse, la teoría del “A Small World” (cuya traducción sería “¡qué pequeño el mundo es!”) está ahora lo suficientemente comprobada | Yesmín Sánchez

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Al menos una vez por semana, en cualquier momento del día, por rutinario que parezca, caemos en cuenta de que el amigo, del hermano, de la tía, de su dentista resulta ser primo lejano del cuñado de su amigo que vive a varios kilómetros de distancia de la ciudad.
Es usual entonces expresar que “el mundo es un pañuelo” para hacer referencia a lo fácil que resulta tener conocidos comunes, con todo lo que ello implica.
En esta ocasión no caeremos en el territorio de los dimes y diretes que se suelen desarrollar a partir de este tipo de casualidades, pues eso sería tema para otro artículo.
Sin duda es preferible (y definitivamente más enriquecedor) que conozca las teorías científicas que se han planteado a partir de algo tan cotidiano y cuánto trabajo le ha dado a los investigadores de diferentes partes del mundo.
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Todo comenzó en los sesenta
En 1967, un sociólogo llamado Stanley Milgram desarrolló un experimento (A small World) con el fin de probar su teoría: al azar, eligió 50 ciudadanos americanos de la región del Centro-Oeste, con el fin de entregar un envío a un desconocido en Massachussets, a miles de kilómetros de distancia.
La única información era simple: el nombre, la ubicación genérica (no había direcciones concretas) y la ocupación del destinatario.
Con esta información, el objetivo para los que iniciaron la cadena era sencillo: entregar a quien ellos creyeran que podía estar ligado al destinatario, siempre que se cumpliera la condición de tratarse de personas que conocían directamente, y con la idea general de que el primer eslabón sería basado en el hecho de que creyeran que el conocido pudiera estar relacionado, es decir, que tuviera más probabilidades de conectar al destinatario de un modo u otro. Los receptores debían hacer lo mismo, y la cadena seguiría hasta que el destinatario fuera alcanzado.
Aunque el experimento no salió muy bien las primeras veces, con una tasa de recepción final del 5%, en sucesivos intentos la tasa de recepción se elevó incluso hasta el 97%.
Esto dio lugar a la teoría que lleva por nombre “Seis grados de separación”: cualquier persona podría llegar a cualquier otra siguiendo tan sólo seis pasos de “amigos de amigos”.

Matemática pura
Si en este momento, amigo lector, su cara de asombro llama la atención de las personas que tiene alrededor, permítame desilusionarlo.
En esta teoría se basan la mayoría de los sistemas de ventas piramidales: ¿Quién no conoce a cien personas? Si cada una de ella conociera a otras cien (distintas), en dos grados podría llegar a 10.000 personas y en seis grados a más de 9.000 millones, lo que es bastante más de la población mundial.
Claro está que es muy posible que comparta la mayor parte de mis conocidos con mis contactos de primer grado. Si “limpiásemos” del listado de conocidos de cada uno de estos de los que ya han aparecido previamente como conocidos directos míos, es muy probable que muchos de ellos no llegaran al centenar de contactos. Eso explica por qué recibimos los mismos mensajes vía correo electrónico en cadena varias veces y explica también por qué la venta piramidal siempre termina siendo la forma más fácil de sacarle dinero a la familia y el entorno más cercano.
Milgram murió el 20 de diciembre de 1984, a los 51 años. A pesar de que publicó los resultados de su experimento, su hipótesis nunca se consideró demostrada más allá de toda duda razonable. Sin embargo, la leyenda se instaló en la sociedad estadounidense hasta el punto de que, en Broadway, dio lugar a la obra de teatro “Seis grados de separación”, posteriormente llevada al cine.

El largo camino para comprobar una hipótesis
Un grupo de sociólogos de la Universidad de Columbia dirigido por Duncan J. Watts trabajó durante meses incansablemente para comprobar esta teoría con un experimento, bautizado como proyecto Small World (mundo pequeño), en el que han participado más de 60.000 usuarios de correo electrónico.
Tal y como lo planteó Milgram en los años sesenta, los voluntarios debían hacer llegar un mensaje, a través de cadenas de conocidos, a una de las dieciocho personas -un veterinario del ejército noruego y un policía australiano, entre otros- elegidas como blancos en trece países.
Los 61.168 participantes, de 166 nacionalidades, generaron 24.163 cadenas distintas de mensajes. Los resultados indican que puede alcanzarse cualquier objetivo en una media de cinco a siete pasos, dependiendo de la separación entre emisor y receptor, explican los autores en la revista Science. ?La página web del proyecto (a quien pueda interesar) presenta con detalle las características del experimento así como otros enlaces relacionados con este tema.

Otras aplicaciones menos científicas y más lujosas
Basado en la misma teoría de los seis grados de separación, una pareja de empresarios se dio a la tarea de desarrollar un club exclusivo en Internet al que ya pertenecen celebridades como Naomi Campbell, Ivana Trump y Tiger Woods.
La idea de los creadores es que no crezca más allá de un millón de integrantes -actualmente son 150.000-. Una cifra suficiente, según explican, para asegurar que la distancia personal entre ellos y cualquiera de los integrantes sea de tres grados, es decir, que cualquiera conoce a alguien que conoce a alguien que, a su vez, conoce a los fundadores.
Por ello, sólo un 10% de los usuarios tienen privilegios suficientes para invitar, en función de su antigüedad, de lo activos que sean y del prestigio de sus propios contactos.
La principal utilidad de “A Small World” es que facilita el intercambio de información relevante, en palabras de la cofundadora. Sobre todo, respecto a las cuestiones que le interesan a cualquier miembro de un club de élite. ¿Cuáles son los mejores hoteles, restaurantes o viajes? ¿Conoces a un buen dentista en Berlín?
También hay espacio, claro, para los debates sobre política, religión y sociedad. E incluso hay espacios reservados para hacer negocios o para encontrar empleo, aunque se cuentan entre los menos visitados, y tiendas on-line en las que, por supuesto, los reyes son los productos de lujo.
La pertenencia al club es gratuita, aunque su cofundadora adelanta que en unos 12 meses ofrecerán servicios extra a quienes paguen una suscripción. Y mientras tanto, se financia exclusivamente mediante publicidad de productos de lujo, especialmente pensados para un target de alta categoría.
Como puede observar, las teorías científicas o los adagios populares pueden convertirse en un nicho de negocios productivo.
Más allá de eso… se estará preguntando ¿Para qué puede servir, además de para no sorprendernos tanto de esos conocidos comunes que surgen en cualquier conversación con un desconocido? Entre otras cosas, para entender cómo la gente encuentra trabajos y cómo se difunden enfermedades.
Fuentes consultadas:
smallworld.columbia.edu/results.html
www.cinenganos.com/varios/SeisGrados.php
www.deugarte.com/wiki/contextos/



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