El reino del Revés. Literatura infantil
Casos y Rostros Julio 19th, 2007
Antes era verano en agosto. Vosotros eran ustedes y nevaba en enero. La literatura de los niños, como tantas otras cosas, llegaba del otro lado del mundo. Desde acá, algunos escritores se empeñaban en hablar de nosotros. “Saltoncito” de Paco Espínola o Julio Da Rosa con “Buscabichos”. Carpinchos, teruterus o mulitas crecieron con niños de apartamento, junto a fantásticos libros como “El Principito”, “Alicia” de Lewis Carroll o María Elena Walsh. Los niños crecieron, tuvieron hijos y otras responsabilidades. Pero leer, y leer un cuento en la cama, sigue siendo una de las experiencias más intimas, flotantes y mágicas. El cuento es la primera puerta al reino de la fantasía. | Laura Federici
| Agradecimientos: Virginia Sandro, Sergio Lòpez Suarez y Leonardo Silveira
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Los mil y un libros
Leyendas y fábulas orientales, libros escritos para niños o libros capaces de ser leídos también por niños, siempre han estado en nuestras bibliotecas. Las revistas de historietas suplían muchas veces al libro. Los Cinco de Enid Blyton, Agatha Christie o algún libro que llegaba a nuestras manos. El universo infantil estaba plagado de visitas al mundo adulto. El tamaño de los libros y el papel era otra cosa que jugaba en contra. “Recuerdo que leía y leía y no avanzaba nada, medía los milímetros que había progresado para convencerme de que realmente avanzaba en la conquista del libro entero”, recuerda Sergio López, escritor infantil.
Son varias las razones que han puesto de nuevo al libro infantil en el escaparate editorial. En un mundo cada vez más bombardeado por imágenes, el libro continúa en un lugar privilegiado. Los niños quieren leer. Los adultos quieren comunicarse con sus hijos. El género de literatura infantil ya no es considerado un subgénero, sino que ha encontrado su lugar en la literatura. El cuento permite el acceso al mundo simbólico, articulando el pensamiento en imágenes y palabras. El libro infantil educa, recrea, contacta, sana y promueve una visión ética de la vida.
Del libro al librero
Cuando uno entra a una librería y pregunta por autores nacionales infantiles, se sorprende.
No es un estante arrinconado, ni triste, ni de calidad precaria. No. Todo lo contrario. No hay una, sino muchas estanterías repletas de colores, tamaños y ediciones de altísima calidad. Sus autores son variados: músicos, sociólogos, educadores. Autores como Helen Velando, Roy Berocay, Sergio López Suárez, Susana Olaondo, entre tantos. Es un fenómeno que se desarrolló gracias a padres e hijos, editores, educadores, periodistas y libreros, todos pusieron su grano de arena dispuestos a promover la buena literatura.
La Editorial Santillana es una de las más grandes propulsoras de este fenómeno. Virginia Sandro, editora de Alfaguara infantil, del Grupo Santillana afirma: “El fenómeno se desarrolla hace años. Si se puede escribir con nuestro lenguaje, nuestros paisajes, con nuestra cultura y nuestra forma de ser, esta es la mejor forma de llegar a nuestros niños”.
En el año 89, el Sapo Ruperto da “el gran salto”. El detective más famoso del Arroyo Solís Chico, este sapo irreverente, dialoga con el autor en el mismo libro, se atreve a muchas cosas, incluido inaugurar una nueva movida literaria nacional.
“Hay que tener frescura, ingenuidad y respeto del mundo infantil. Siempre es notorio cuando un autor escribe mirando a los ojos a los niños, se lo desafía con el texto. Hoy hay que competir con la imagen, con la pasividad de la tv, porque la literatura siempre te desafía, hay que ir decodificando y trabajando con el texto”, señala.
Santillana ha apostado fuerte, y bien. Diseños muy destacados con una calidad de impresión impecable y autores que logran una comunicación permanente con su público.
El fenómeno se da desde muchos frentes. “El vínculo entre el autor y el niño es fundamental. La presencia de los libros, acercarse al libro, tocarlo, verlo, es el primer paso para acercarse a la lectura”, dice Sandro.
Los autores y sus niños tienen un ida y vuelta. Federico Ivanier, por ejemplo, tiene un diálogo constante con sus lectores, hasta un club de fans. Hoy en día las nuevas tecnologías permiten que chicos y padres puedan conectarse con sus héroes, los creadores de estas maravillosas historias de aventuras. De esta forma blogs, mails, y una fluida comunicación hacen que sea un juego. “Hay muchísimos ejemplos de que los libros pueden beneficiarse del buen uso de internet. El libro transita por el mundo virtual aprovechando lo mejor de este medio para hacerse conocer y para llegar en pocos minutos a lugares insospechados”, dice Sergio López.
Los autores se toman muy en serio sus libros. Helen Velando visitó el desierto de Atacama para hacer el último libro de los “Cazaventuras” mientras Roy Berocay se prepara para llevar su trilogía de cuentos juveniles al cine por medio de una Productora Argentina.
Ellos mismos se presentan y le hablan a los chicos. Los textos mantienen su vigencia, se reeditan continuamente. “Acá al contrario de la literatura de adultos, los textos tienen siempre vigencia, el niño es más auténtico. Los niños crecen y nacen continuamente, es el público más renovable. Es un mundo distinto”, afirma Sandro.
Niños grandes, grandes libros
“Me interesa conocer mi relación con ese niño que fui. Ese niño está en mi, siempre ha estado y siempre lo estará”, escribió José Saramago en Las pequeñas memorias. Poco después, su libro “La flor más grande del mundo”, escrito para niños, se reedita. Cada vez más autores de literatura de adultos se vuelcan a este sector privilegiado.
Sea como sea, el fenómeno se extiende.
“No todos los autores de literatura de adultos pueden escribir para niños. El escritor debe tener ese niño dentro, que no todos lo mantienen”, afirma Sandro. De todas maneras, se están reeditando libros infantiles, así como cada vez hay más autores infantiles o escritores reconocidos que se involucran. Estos son algunos de los libros reeditados:
José Saramago – “La flor más grande del mundo”
Paul Auster – “El cuento de Navidad”?de Auggie Wren”
John Irving – “El ruido que hace alguien cuando no quiere hacer ruido”
Silvina Ocampo – “La naranja maravillosa”
Osvaldo Soriano – “El negro de París”
Aldoux Huxley – “Los cuervos de Pearlblossom”
Clarice Lispector – “Casi verdad”
Mario Delgado Aparaín – “La taberna del loro en el hombro”
Mauricio Rosencof – “Historias del Abuelo de la tarde”.
Claro, que los niños no perdonan. Es un público que no hace concesiones ni licencias por ser autores reconocidos. Los lectores son implacables, y lideran el mercado de la sinceridad.
A leer, entonces.
“El tiempo para leer, al igual que el tiempo para amar, dilata el tiempo de vivir”. Démosle más, mucho más tiempo a los niños. Porque el niño participa con todos sus sentidos de este gran festín.



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