Un espectáculo único
Casos y Rostros Julio 17th, 2008
Se viene la temporada 2008 de Opera en el Teatro Solís. Este año las elegidas son Il Trovatore, de Giuseppe Verdi, y Madama Butterfly de Giacomo Puccini. He aquí una semblanza de estas obras y sus autores, para ir “haciendo boca” a días de uno de los puntos más altos del año cultural y de espectáculos de Montevideo.
Por Dardo Delgado
Verdi y El Trovador
Verdi ya había logrado su consagración internacional como gran creador operístico con Rigoletto (1851), la musicalización del drama de Victor Hugo “El Rey se divierte”.
Con Il Trovatore acude una vez más a los autores románticos en los que las pasiones sacuden a mujeres y hombres en profundos contrastes. Los dramas de los españoles, de Schiller, lo seducían, lo mismo que “el poeta de todos los tiempos”, Shakespeare. En este caso toma la obra del español Antonio García Gutiérrez, “El trovador”. Un drama de amor, de odios y de venganzas. Le señala al poeta Cammarano (responsable de la adaptación de la obra) que haga de Azucena, la gitana, el personaje central.
Hay en esto una sensible inclinación del Maestro hacia los seres marginados que son avasallados por el poder. El Maestro Kurt Pahlen señala en su análisis sobre El trovador, que las tres óperas de ésta época (Rigoletto, Trovador y Traviata) tienen como protagonistas a tres marginales víctimas del entorno: un bufón, una gitana y una prostituta.
Y es que, si bien Verdi no tuvo nunca una actividad social o política, y eso que vivió en medio de las luchas por la unidad italiana y el desalojo de la ocupación austríaca, sus obras fueron consideradas como “subversivas” por la censura de los ocupantes. Porque sin proponérselo el “Va pensiero” de Nabucco se transformó en el himno de los luchadores por la unidad italiana y su nombre VERDI como sigla de la consigna política: Vittorio Emanuelle Re D’ Italia.
Tuvo problemas enormes con la censura por su Rigoletto. Al extremo de tener que cambiar el país y un personaje del original de Hugo: de Francia a un Ducado italiano y de Franciso I al Duque de Mantua. Según la censura atacaba la “sagrada institución de la monarquía”.
Por eso en El trovador, que en el original era la historia de una sublevación, Verdi sacó toda referencia histórica acentuando aún más esta “historia de amor, de odios y venganzas”.
Se le ha criticado a la obra de que ocurren demasiadas cosas y todas muy terribles, pero lo que se muestra son relatos de cosas que ya sucedieron. Esto le da a Verdi la posibilidad de profundizar en los personajes y hacer una muy sabia unidad entre las situaciones, los caracteres de cada uno y una música bellísima al servicio total de la peripecia dramática.
Es de señalar que Verdi usa en esta obra un efecto teatral realmente de vanguardia: las escenas simultáneas. Se entrelazan, en un marco de gran belleza dramática y musical, un coro de monjas que entona un profundo Miserere, Leonora que se lamenta de la segura muerte de su amante, y el Trovador, desde la torre donde está prisionero, que se despide del amor y de la vida.
Este efecto ya lo había usado, con gran resultado musical y dramático, en Rigoletto (cuarteto: “Bella figlia dell’amore”) y lo usaría después en el final de “Aída”.
Una vez más nos ilumina con sus reflexiones el Maestro Kurt Pahlen cuando nos dice que la obra es una obra de la noche… de la noche y del fuego… presentes siempre.
¿Qué mejor marco para que se desaten las pasiones…?
Esta obra es una joya más del Maestro Verdi, y no sería la última.
Puccini y Butterfly
Fueron muchos los motivos para que Puccini se sintiera seducido para musicalizar el texto dramático del inglés David Belasco. Él vio en Londres la obra en 1900. Y a pesar de no conocer el idioma, se conmovió profundamente con el drama de esa jovencita que se enamora del joven teniente de marina. Quince años tiene Butterfly (Cio-Cio-San para los suyos) cuando se casa con Pinkerton. Para el joven estadounidense el casamiento no es más que el disfrute de las costumbres de ese exótico país. Para ella es el Amor. Tenemos el encuentro de dos culturas, dos formas de ser, de pensar, de sentir, que se resuelve en un final trágico.
Hay que recordar que a fines del Siglo XIX Europa “descubre” el Arte Oriental. Los pintores (Van Gogh, Gauguin, entre otros) se sintieron atraídos por la recuperación de lo plano en la pintura y la sencillez de la línea y el color en el diseño. Por otra parte los músicos, especialmente los impresionistas Debussy, Satie, valoraban la fineza de las modulaciones y la composición sin excesos instrumentales. Y además estaba el encanto de lo exótico: el lenguaje de las flores, del té, de la ropa y su uso, que la cultura oriental lleva casi al plano de lo ritual.
Puccini pidió de inmediato la autorización al autor de la obra teatral para llevarla al drama musical y la hizo traducir al italiano para enviársela a sus libretistas (Giacosa e Illica) para que comenzaran el trabajo. El Maestro era sumamente cuidadoso con sus textos. “¿Música? –decía– ¡Qué cosa tan sutil! ¿Si no tengo libreto, cómo voy a componer música?”. Nada sobra en los textos de sus obras. Su música es considerada de las más cuidadas en todo el repertorio operístico. Ahí tampoco se permitía ningún exceso, y agregaba a su enorme talento italiano en la creación de melodías un conocimiento de la orquesta y de las posibilidades de la voz cantada, pocas veces reunidos en un mismo creador. Puccini tiene además un enorme talento en lo puramente teatral. En lo que significa el hecho escénico en ese “megaespectáculo” que es el género operístico: con solistas y coros que cantan y actúan, orquesta, y además con escenografía, vestuario, luces… Para decirlo en el lenguaje cotidiano del espectáculo: era un “bicho” de Teatro.
Con Butterfly, Puccini agrega un estremecedor personaje a esa galería de heroínas (podría decirse sencillas, casi cotidianas) que alumbran la Tosca, la Mimí de La Boheme, la Liú de Turandot, y que siguen conmoviendo un siglo después de creadas. Dijo Plácido Domingo: “Con Verdi aprendí a cantar, con Puccini aprendí a sentir.”
Deja un Comentario