¿Infancia era la de antes?
Portada Agosto 14th, 2008

Esos locos bajitos
Gurises, chiquilines, niños. Tres formas de nombrar a esos pequeños individuos a los cuales el sociólogo norteamericano Neil Postman definió como “una clase especial de ser humano, entre los cinco y los 16 años, que requiere de unos cuidados especiales, debe recibir una educación determinada y que necesita ser protegido del resto del mundo(…)”. Según varios expertos en la materia, el concepto de infancia se ha visto revolucionado por el desarrollo cada vez más dinámico de las nuevas tecnologías, al punto de que la inocencia característica de la infancia se ha perdido, dando paso a lo que denomina “adultos de baja estatura”
Por Patricia Pujol mailto:paty.pujol@saladeespera.com.uy
“Durante la etapa de la vida que tradicionalmente se ha llamado ‘infancia’, el niño aprende lentamente los secretos de la vida adulta” (1). Así lo establece Postman, y así ocurre dentro del desarrollo de todo ser humano, el ser social por excelencia, el cual se nutre de las relaciones interpersonales y mediatizadas, que constituyen un elemento fundamental para el desarrollo de la vida en comunidad. Pero, ¿qué dicen las demás ciencias acerca de la infancia? ¿La neurociencia? ¿Y la historia? ¿Qué particularidades experimentan en el siglo XXI los niños que son nuestros contemporáneos?
Conforme el paso del tiempo, la etapa de la infancia aparece en las crónicas de los historiadores ocupando un lugar de mayor relevancia. Pero este fenómeno se evidencia en la relación dinámica entre los menores de edad, el tiempo histórico en que viven y los valores predominantes en la sociedad.
Para el historiador francés Philippe Ariès, la infancia es un “invento de la modernidad”, mientras que en la época premoderna, la concepción particular de esta etapa de la vida no fue tenida en cuenta. En este caso, no existían expectativas sociales hacia esa franja de la población, ni ostentaban un estatus específico. En su libro La infancia y la familia en el antiguo régimen, se lee: “no mucho después de un destete tardío (alrededor de los siete años), los niños entraban de golpe en la gran comunidad de los hombres, compartían con sus amigos, jóvenes o viejos, los juegos y trabajos cotidianos”. (2)
Por su parte, el desarrollo de la neurociencia y los nuevos descubrimientos acerca del funcionamiento del cerebro humano, gracias a la introducción de nuevas tecnologías y de novedosos enfoques de investigación, han revelado aspectos a tener en cuenta. No sólo se considera que la anatomía neuronal no está estrictamente programada por el código genético, sino que se sucede un proceso de selección de neuronas a través de la experiencia del individuo, dinámica que se determina luego de los dos primeros años de vida de un niño. Este proceso se conoce como “poda neuronal”. El cerebro de un bebé tiene infinitas posibilidades, pero para desarrollarlas necesita estímulos y afecto.
En tanto, el contacto del niño con la madre y el padre -o los cuidadores- en la etapa donde se vivencia la comunicación preverbal -donde no está presente la palabra pero sí el gesto y la entonación- es de vital importancia para el posterior desarrollo de las funciones reflexivas y la estructura, el psiquismo del niño. Esta malla invisible que se teje afectivamente entre los pequeños y sus padres, será determinante para el desarrollo del pequeño. También lo será la lactancia materna, la alimentación y la estimulación temprana.

Se necesitan niños para amanecer
Sin embargo, estas condiciones en la actualidad están atravesadas por el factor tiempo. Los “padres de ahora”, como suele decirse, son trabajadores, a veces profesionales, y tienen un reconocimiento social por ello. Las madres primerizas enfrentan, muchas veces, la tensión de sentirse culpables por tener que dejar al niño pequeño con un cuidador o en un centro de cuidado infantil, ya que dedican tiempo fuera de casa a su trabajo. Sin embargo, hay psicólogos que sostienen que no es determinante la cantidad de tiempo que se pase con ellos, sino la calidad que se logre en esos contactos. Tiempo atrás, los patrones de maternidad estaban sujetos a mujeres amas de casa, que contaban con apoyo de sus propias madres y abuelas.
Las madres y padres de hoy intentan despejar dudas y dejar las teorías heredadas que se repiten a través de la tradición popular, para comenzar a vivir la experiencia arrolladora del primer hijo. Sin embargo, Uruguay es un país de cultura terapéutica, pero no de consulta, situación que muchas veces limita a los adultos al momento de despejar dudas. En estos casos, las terapias que hacen ancla en lo relacional y no en los aspectos individuales son las indicadas para generar nuevos espacios dentro del vínculo privilegiado entre madre, padre y niño.

¿El fin de la infancia?
Si bien el fortalecimiento de los vínculos cercanos en la etapa de la infancia son determinantes, hay quienes sostienen que el mundo del siglo XXI genera la “adultización” de los más pequeños, hasta desarrollar lo que se conoce como “el reino de los niños”. Según Postman, “en el pasado, el niño estaba muy protegido; ahora, está sometido a todo tipo de influencias externas que condicionan su comportamiento. Los adultos ya no pueden protegerlo”. El sociólogo continúa explicando: “al niño de hoy no le quedan misterios para descubrir. Lo sabe casi todo (…) La noción de muerte, el sexo o la enfermedad no ofrecen dificultades para el infante (…) En la sociedad las cosas ya no funcionan así. La televisión, la radio y el cine no guardan secretos. Si no hay secretos, no hay inocencia, y si no hay inocencia, la idea de niñez deja de tener sentido”, sostiene Postman.
David Buckingham, catedrático del Instituto de Educación de la Universidad de Londres, le puso nombre a lo que describe Postman, llamando al fenómeno “infancia mediática”.
En la vereda de enfrente, la teoría desarrollada por el psicólogo canadiense Don Tapscott, publicada en su libro Creciendo Digital: El surgimiento de la generación, sostiene que a diferencia de las “generaciones de la era de la televisión”, los nuevos niños que forman parte de “la generación de la red” con el advenimiento de internet, son más “ávidos para comunicarse y descubrir, inquisitivos y creativos”. Es que Tapscott sostiene, como determinista tecnológico, que “la generación de la red” desplaza a los “hijos tecnófobos y de pensamiento articulado de la generación de la televisión”; ya el nuevo medio genera la democratización, la libertad de elección y de expresión, la transparencia y la colaboración. Para el autor, se crea una “nueva autenticidad humana que se caracteriza por la libertad de pensamiento”(3). Esos nuevos niños, los niños de este tiempo, cuentan con una potencialidad que marcará su camino si logran desarrollarla.
Notas
1- Extraído de nota publicada en La Vanguardia
2-Conferencia ¿El fin de la infancia? De la Lic. María Julia García (UBA) Boletín de Sociedad Psicológica del Uruguay, número 42, año 2006.
3- Crecer en la era de los medios electrónicos. David Buckingham. Colección “Educación Crítica” - Coedición con la Fundación Paideia, año 2002.
Agradecimiento para:
Estela Antuña, Licenciada en Psicología de la Universidad de la República.
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