“Somos una multitud”
Portada Julio 17th, 2008
Nadie puede dudar que Jorge Piñeyrúa –”el Piñe”, como le dicen sus amigos– se ha convertido en un personaje nacional muy querido. Su participación en la radio y en la televisión, le ha creado fama de simpático y buen tipo. Es que su personaje es sencillo y querible. La comparsa Los Chin Chin es uno de sus amores. Guarda con celo los tambores, gorros y vestimenta que usó en el Desfile de Llamadas. Además, confiesa que ir a ver básquetbol le apasiona porque vibra en los partidos. Tampoco es de dudar que sus primeros pasos en el mundo mediático los dio de la mano de su progenitor, el “Profe”, Ricardo Piñeyrúa, quien ofició de “padre” de un grupo importante de nuevos periodistas que comenzaron a ocupar lugares en los medios. Esta vez, Sala de Espera llamó a la puerta de la casa del Piñe para conocerlo más y hablar, en el marco del Día del Padre, sobre su paternidad
Por Patricia Pujol — paty.pujol@saladeespera.com.uy— Fotografía: Daniel Cheico
A sus 29 años -hace cuatro- algo cambió su vida. Es que nacieron sus dos hijos y la casa se pobló. “Desde ese momento somos una multitud”, confesó entre risas el Piñe, y recordó con cariño que en ese momento viró su vida para siempre. Los mellizos Leandro y Matías son los que aparecen en las muchas fotos que pueblan las paredes de su casa.
Todo tiene un comienzo y una causalidad. Según nos contó, la relación con su padre lo marcó a fuego. No sólo porque lo considera un “tipo fenomenal y de cabeza muy abierta”, sino porque además lo impulsó a trabajar en lo que hoy es su profesión. Pero no siempre es fácil ser “el hijo de”. Para el Piñe, comenzar a trabajar con el “Profe” Piñeyrúa era motivo de cierta vergüenza o culpa. “Yo ni siquiera me imaginaba que iba a terminar en los medios de comunicación. Soñaba con hacer educación física y dedicarme a eso. Cuando empecé, por el año 1997, me daba vergüenza compartir el apellido en los créditos de los programas con mi padre. Sentía algo parecido a la culpa, que luego, desde el momento en que ya no compartí tanto los espacios de trabajo con él, se me fue yendo. Pero en definitiva es verdad, yo estaba ahí porque era hijo del Profe”, contó el Piñe.
Sin embargo, hoy trabaja en el Canal 10 y en la radio fm Océano, lugares de trabajo mediático que no están relacionados con su padre. “En realidad mi padre era el de todos los que trabajábamos con él. De Rafael Villanueva, de Gonzalo Delgado, del Sueco Leiva … de todos. No había quien no se sintiera guiado y sostenido por él. Todos se sentían un hijo suyo y eso hizo las cosas más fáciles”, sostuvo el Piñe.

Hoy y ayer, no es lo mismo
Ser padre hoy no es lo mismo que hace unos 30 años atrás. El Piñe reconoce que si bien la responsabilidad y los miedos pueden ser similares y compartidos, los tiempos que corren son otros. Cada vez que habla de su padre no deja de decir que está muy feliz con el que le tocó, y que le gustaría parecerse a él. “A la hora de criar a los mellizos trato de acordarme de cosas que me pasaron de niño y rescatar qué hacía él conmigo en algunos casos. Se que las épocas son distintas. De hecho yo estoy separado de la madre de mis hijos y mis padres siempre estuvieron juntos, pero intento hacer las cosas bien como las hicieron ellos”.
En relación a su paternidad multiplicada por dos, dijo que “la asume como una gran responsabilidad ineludible. No quiero zafar, y sin embargo se siente un fuerte peso por eso. Hay que estar siempre pendiente de ellos, de mil cosas, porque hay dos niños que tienen que estar bien. Si algún día les llegan a hablar mal de mi, me daría mucha culpa. Todo esto es una responsabilidad muy grande y tengo que hacer las cosas bien. Tengo que hacer las cosas lo mejor que puedo”, reflexionó.
En cuanto a las edades al momento de ser padre, nos contó que su progenitor lo tuvo a los 21 años y su madre a los 19. “Eran muy jóvenes. Creo que haberme tenido siendo tan chicos les hizo ser padres de cabeza abierta. En mi casa no se sabía qué era el machismo, y nos educaron con valores no tradicionales, donde la cultura y la política fueron ejes fundamentales en la educación. En este sentido, evalúo que mis viejos eran más avanzados que yo. Yo tuve a los melli a los 29. Ahora, con 33 pirulos me veo como más tradicionalista. Tengo esa cosa de querer que los gurises vayan a jugar al fútbol, al club que yo fui y que se críen en el barrio que yo crecí”.
Cuando sean grandes
Tomando su experiencia, el Piñe contó que no le gustaría que a sus hijos le pasara lo mismo que vivió él en relación a ser reconocido como el “hijo de”. “No sé si está bueno para ellos eso de que la gente me salude en la calle. Lo bueno es que son dos hermanos porque así se van a aguantar la cabeza”, dijo.
Pero ser padre cambia algunas impresiones. “Te vas poniendo viejo. Hay cosas que te parecían una exageración de tus padres pero después te vas dando cuenta de que es así. Tengo miedo de que no sean felices. Hay muchas cosas que en la realidad pueden alterar la felicidad de ellos. Basta con ver el noticiero. Además, no me gustaría nunca que sufrieran, que no tengan trabajo o plata para vivir, o que no encuentren su vocación”.
Confesó más tarde que a veces se pone a pensar en el futuro de los mellizos y los imagina de grandes. Ahí es cuando aparece la imagen de uno de ellos como deportista. “El otro día en un partido de basquetbol divagué con que uno de los que estaba en la cancha era mi hijo, y pensé que si errara un tiro lo insultarían, o al revés, si metiera un triple en la hora y ganara su equipo lo idolatrarían. Pero después pienso que me da miedo ese tema de los jóvenes que se van del país a buscar mejor suerte. En algunos casos los abuelos no llegan a conocer a sus nietos por este tema de la emigración. Tal vez no sea un ejercicio conveniente, pero pienso mucho en eso. O en que se van a enamorar y no ser correspondidos, o tal vez les vaya mal en el estudio…”

Ser famoso y padre
El Piñe es un tipo querido. En la calle la gente lo detiene para saludarlo, y a veces para sacarle fotos. “Siento tremendo cariño de la gente en general. Me llama la atención cuando me saludan los veteranos porque no son mi público. Me saludan como si fuera el nieto. Las señoras ven en mi al nieto jodón que anda en la vuelta. Como que les sale el comentario ese de ‘bandido’. Todas las madres y abuelas me quieren como novio de sus hijas, pero ellas no”, dijo a las risas el Piñe.
Volviendo a la paternidad, sostuvo que “ser padre de mellizos es divertido y complicado al mismo tiempo. Nunca se separan Leandro y Matías. El tema de ser padre me cambió la cabeza. Fue rarísimo. Para mí tener hijos es tener dos, pero la verdad es que son tranquilos. Disfruto mucho cuando se van a dormir porque nos abrazamos para darnos las buenas noches, y verlos con el pijama de Mickey. Es genial. También los acompaño a la piscina y los miro nadar con los amigos. Soy uno de los pocos padres que se queda a mirar las clases. Entre ellos son muy compañeros. Siempre están juntos aunque paseen de casa en casa”, contó.
Para despedirnos le pedimos que nos contara una anécdota con los melli. Ni la tuvo que pensar, porque enseguida se paró y empezó a actuar la escena: “Ellos nacieron por cesárea, la madre estaba con anestesia y yo era el que estaba esperando ansioso detrás del vidrio. Me acuerdo que eran chiquitos, porque nacieron ochomesinos. Sacaron a uno y pasó una enfermera con el chiquito envuelto. ‘Está bien?’, le pregunté. Y la empecé a seguir al cuartito donde iba, pero en el camino veo que aparece otro bebé con otra enfermera y ya no me daba tiempo de seguir a los dos. Fue una locura. De un día para el otro fuimos una multitud”, contó el Piñe.
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