Horacio “Tato” López
Portada Octubre 17th, 2007
Básquetbol, viajes y letras
Tato López respira vigor, naturaleza, liderazgo. Se necesita apenas un segundo, que entre en el espacio, para reconocerlo, aunque jamás lo hayamos visto. Es de esas personas que nacen con algo que los diferencia, los libera y los encierra.
La ocasión nos encontró, en tiempos donde entre libro y periodismo, el Tato anda en otra de sus olas expansivas. Ante la mesa servida rápido aparecen fotos, viajes, periodismo y esas ganas de decirlo todo, visualizarlo entre el hombre y el deportista.
Laura Federici - Gonzalo Delgado
Fotografia: Daniel Cheico
Agradecimientos: La Otra Parrilla / Oscar Medina L.
Fue el mejor jugador que haya existido en las selecciones nacionales de básquetbol. A los quince años debutó con la celeste y jugó su primer sudamericano de adultos al cumplir los dieciséis. En 1984 fue el goleador en los Juegos Olímpicos de Los Angeles, mejor jugador de los sudamericanos de Medellín y Valencia, goleador de las ligas italiana, argentina y brasilera, su lista de triunfos fue rápida. Profesional, exigente y autodisciplinado, como pocos.
Se retiró a los 35 años. Dejó el básquetbol temiendo extrañarlo inexorablemente, como un ahogo, la adrenalina que no se dispara o el aire que nunca alcanza. Pero puede decir que esa sensación todavía no llegó. La suple, como un eterno caminante del destino.
Se animó a ser periodista deportivo, a armar una escuelita de básquetbol, a recorrer rincones de nuestra geografía como alguna vez lo hiciera con los del resto del mundo, como un viajero inquieto y comprometido. Y además, a hacer un libro –La vereda del destino-, su autobiografía. Y lo hizo con pasión y destreza narrativa, ganando –siempre Tato– el último premio Revelación Bartolomé Hidalgo 2007.
Sabe jugar a este juego, también, el de la vida.

Básquetbol y Magia
La altura siempre fue, evidentemente, algo notorio. Empezó siendo una dificultad en el día a día –ya se sabe lo duro que es conseguir calzado número 47 o lograr que los pantalones no queden cortos–, pero luego fue el disparador de todo su potencial físico.
“En determinado momento de la vida, cuando sos adolescente, se puede decir que molesta un poco. Eso que en principio es una complicación, después en el básquetbol pasa a ser la magia. Sacás pecho, espalda y decís: sí, soy alto”.
Bohemios fue el club de sus triunfos. El equipo, los entrenamientos, el jugar duro, el que definas un encuentro y “siendo apenas un chiquilín madures a golpazos porque todo un partido depende de vos”, fueron la materia con la que hizo su rápida carrera.
Pero vino también el mal momento. En 1984 fue procesado –lo agarraron con un porro– y le adjudicaron suministro de estupefacientes. Tuvo que cumplir condena de varios meses y ver alejarse uno a uno a los que agachaban la cabeza, mientras otros, los de Bohemios, lo apoyaron siempre.
“Tuve muy buenos consejeros, y rapidito me dieron dos golpazos. Uno me metieron en cana, y otro me agarró la tablita. Así que todos los aprendizajes que había para hacer los hice apurado. Cuando se desmorona todo, siempre hay gente que no aparece. Yo lo vi temprano, con mis errores y dificultades, pero lo vi temprano”.
Una cita crítica le hace reaccionar: “Es un buen profesional, pero no sabe jugar en equipo”. Eso se ha escuchado por acá. “¿Donde se dijo?”, se inquieta. La mirada y el cuerpo se comportan de manera diferente y la conversación deriva a lugares de discusión, enfrentamientos dentro del mundo de los periodistas deportivos. El punto está allí: indudablemente, Tato López es un tipo polémico.
Las satisfacciones, pero también los conflictos con los dirigentes, el porqué de su distanciamiento, las críticas asociadas indiscutiblemente al que hace espacio, al que molesta, a ese a quien el mundo le reserva un lugar privilegiado.
El deporte siempre fue el eje de su vida. Sin importar cuál deporte, voleibol, béisbol o ping pong, los practicó desde niño. Recién más tarde apareció el básquetbol, que lo aprendió literalmente en “la cancha”.
“En una primera práctica iba a jugar mi primer partido. Y el profe dice que va a dar el salto inicial en la mitad de la cancha y me pone a saltar. La tira y salto con toda mi fuerza, la toco, la agarro, y me quedé con la pelota. Así fueron mis inicios.”
Ese salto le condujo a otros mundos, será por eso que cree en el deporte como herramienta para transformar cosas. “El deporte tiene un sentido mucho más amplio, como disparador, para llegar a más gente”.
Pero siempre llega el momento de hacerse a un lado. Y no precisamente a la banca de la reserva, sino al equipo de quienes vivieron tiempos gloriosos. Es la hora del retiro. De experimentar lo que significa para un deportista saber del éxito – él lo supo y mucho – y cómo es reorganizarse para una nueva vida. Saber para un deportista que el tiempo llega, que hay un tiempo útil en la cancha, y otro que empieza afuera.
“La vida cambia absolutamente. Desde lo económico hasta la organización familiar. A veces el retiro da miedo. Para la gente puede ser trágico. Con el paso del tiempo, uno se va haciendo anónimo. A mí me pasó, que saliendo con mi padre a caminar, me dijo: ahora sí se puede salir contigo. De eso hace algún tiempo. Porque ahora es como vivir una desaparición y una nueva aparición. La televisión, el periodismo, el libro…”.
Nunca se fue del todo. Siguió en la cancha, pero jugando otra posición. En 2001 enseñó lo que sabe en una escuelita de básquetbol de Aguada. Hablar de esto le gusta. La conversación se distiende y el Tato se vuelve manso, disfrutable, un chiquilín. Este es un punto donde se quiebra el deportista, y se deja ver frágil, al hombre. La mesa se distiende, las copas, las ensaladas –siempre saludables– y la carne jugosa y espesa nos reúne.
“Eramos un equipo, donde yo estaba al frente. Es muy diferente ser jugador de alta competencia que enseñar a niños de 5 años. Pasamos bárbaro, nos divertimos, fue genial”.
El Tato disfruta de todos sus logros, que le van llegando uno detrás de otro, porque es de los que se atreven a entregarse: incluso pudiera hasta plantearse dirigir a un equipo de primera.
“En este momento a corto plazo no, lo que no significa que no lo vaya a hacer. Lo tuve muy pensado pero me agarró el mundo del periodismo deportivo y me encantó. Pero no lo descarto hacer más adelante”.
Bien claro tiene lo que debe inculcar como entrenador. El mismo lo vivió: el trabajo como único generador de logros. “Trabajo, trabajo y trabajo. Yo me basaría en buscar talentos a una temprana edad o detectar cualidades en jugadores ya hechos que no han sido tocadas. Pero todo esto no es nada sin lo que te decía antes, trabajo”.
Reflexiona un poco sobre el éxito. Sobre las secuelas del mismo y sobre las grandes satisfacciones. Inevitablemente sale el viaje. “Esa es una de las cosas copadas que tiene viajar. Uno es anónimo. Acá ni vos ni nadie es anónimo. Uno pasa de ser una figura al anonimato. Porque el éxito te hace pagar muchas cosas”.

Ganando con las letras
Quizás sea cierto que le guste el anonimato ocasional. Pero acá, en casa, vuelve a ser una celebridad y ahora como escritor. El libro llegó, porque no esperó nada. Quinta edición. Premio Bartolomé Hidalgo Revelación 2007. Por “La vereda del destino” es un texto escrito desde el corazón y la intimidad. Su autobiografía.
“Sabés como lo craneé? Viste que estamos en la era del zapping, donde nos cuesta enfocar. La atención es mucho más dispersa. Bueno, acá la cultura es así. Traté de buscar la estructura de zapping. Son dos historias. Lo podés leer así, pasando y saltando. Cien años de soledad es maravilloso, pero las primeras cuarenta páginas son medio tediosas. Yo dije: a mi nadie me va a dar cuarenta o cincuenta páginas antes de leerme. Entonces dije: algo que sea zapping, con muchos hilos. Hasta pensé en hacerlo leer también en otro orden, al estilo de Rayuela, de Cortazar; pero dije: pará, pará un poco”.
Y así se lee también: a saltos. Tato sonríe, se sabe cómplice del lector. “Gozo cada etapa del libro como la primera. Desde que la editora lo leyó y me dijo lo vamos a editar, cuando vi la tapa, cada paso con la fascinación de un niño. Todo en él son satisfacciones.”
Vivir aca
Lo peor y lo mejor de la uruguayez, pregunto.
Se aquieta todo. Respira. Quizás India dentro, el éxito, los palos, las distancias, la soledad, la estabilidad relativa de estar viviendo acá. Todo se junta en fracciones, en silencios y en mínimos rastros al apoyar la copa, o en el punto donde posa una cierta mirada.
“Lo peor es hacer que hacemos, si, eso… y “lo que yo no puedo vos tampoco”… “Hacer que hacemos” y “lo que yo no puedo vos tampoco”… Eso. Eso”.
Y lo mejor –le recuerdo–.
Lo mejor. Piensa. Piensa un rato. Tomamos otro trago de vino, y las gargantas crujen. La mesa se disuelve. Los restos, el vino, la risa. Afuera la primavera se hace sentir, con un aire tibio que abre la noche.
“Lo mejor está por venir. Es el futuro”.
“Tu destino está escrito en tu mano derecha; en tu mano izquierda, sin embargo, está la posibilidad de que puedas cambiarlo con la fuerza de tus pensamientos, ya que eso serás mañana, serás lo que hoy piensas”.
No quiero tranquilidad, Señor. Quiero una vida intensa. –le pedí–.
Te la concederé.
(La vereda del Destino . Horacio “Tato” López, Edición 2007)

Iniciar el viaje
Después de retirarse del básquetbol, decidió iniciar el viaje. Tato es un incansable viajero; mental, físico y espiritual.
“Es el adiós a la adrenalina, pensaba. Cómo hago yo para suplir esas dos o tres veces por semana de adrenalina pura. Lo podés suplir con cualquier cosa”. Pero retirado del básquetbol, descubrió otro universo: viajó por India, Nepal, Europa, sudeste asiático, y desde Guatemala se lanzó por tierra hasta Uruguay.
Se relacionó con la cultura en India, con todo el resto de viajeros y países, con la esencia de los lugares y, lo mejor, consigo mismo. Su periplo fue un antes y un después en su vida.
“Después que estás viajando tenés tres viajes. Uno es el que haces por el país, otro con la gente que está viajando, y por último el viaje con vos mismo. Cuando viajas no tenés pasado ni futuro. Entonces, dejás el lugar de pertenencia y vos mismo empezás a reconocerte en lo que generas en los demás”.
Intenta capturar lo que vivió como inicios de aprendizaje, y agrega, con la simpleza que delata lo certero de esa enseñanza: “Cuando llegué a India, dije: cuanta ignorancia, cuanta pobreza. Lo sentí. Cuando volvía aquí dije: cuanta ignorancia, cuanta pobreza”.
Sus experiencias traen un concepto, la contemplación. “Vos ves en India que todas las tardes, un tipo, está de cuclillas. No es gurú, ni maestro, ni discípulo de nadie. Es un indio. Está contemplando. En India no lo lees, lo vivís”. El espacio se debate sobre si es posible quedarse quieto. Si es posible, necesario, útil. Se debate un largo rato, acalorado en movimientos y opiniones. “La incapacidad nuestra de quedarnos quietos. Ellos son la cultura de espalda derecha, de no buscar con qué entretenerse. Vos lo empezás a proyectar y una cosa es guerra y otra es paz. Una cosa es necesidad y otra autosuficiencia. Por eso digo, son inicios de aprendizajes. Te da otra percepción de la vida, de la cultura y del planeta”.
Podría seguir viajando. Pero para viajar se necesita tiempo, y el movimiento, a veces, también está en la quietud. Ahora tiene proyectos varios y tenaces. Y hay una tranquilidad, una certeza, ahora, ya más grande, no más viejo, nunca, sino más grande. El Tato niño, el adolescente, el goleador, el que define partidos, el que conoció el Vilardebó, el viajero, el solitario, el polémico, el numero uno. Están todos. Y así se reflejan.
Octubre 19th, 2007 a las 12:35
Felicitaciones con la portada muy bueno el contenido……
Octubre 27th, 2008 a las 11:41
a un año de esta entrevista estarìa bueno saber si proyecta un nuevo libro.
Una segunda publicaciòn lo afirmaría como escritor!
Noviembre 15th, 2008 a las 6:58
Hola Tato, tengo 40 años y desde muy chico me gusto siempre el basket, pero no 10 tipos que corren atrás de una pelota sino en buen basket ese que solamente a vos vi jugar algo que parecía tan simple pere que solo a vos te salía esa magia y demás, soy hincha de Aguada desde hace muchos años y te podrás imaginar que cuando tú jugaste en el club fué para mí lo máximo pero lo mismo me pasó con Juan Ramón Carrasco en el fútbol viste cuando seas hincha de otro cuadro te gusta ver jugar a ese jugador aunque juegue en contra de tu equipo y haga cualquier cosa bueno esa sencación me pasó me acuerdo de ir a la cancha de Neptuno y vos hacer cualquier maravilla contra aguada y yo disfrutarlo igual, no se es lo que quería decir, con respecto al libro te cuento que ahora estoy viviendo en Mercedes y que soy socio de la Biblioteca Gimenez y entre tantos libros encontré La Vereda del destino que impresionante tato hacía tiempo que no me pasaba de leer dos veces un mismo libro en 1 semana, no se te lo digo de corazón y además ví la dedicatoria de cuando diste una charla en ese lugar.
Simplemente decirte que sos un fenómeno siempre que te encontraba en Montevideo en la calle o adónde fuera siempre te decía por favor Tato tenés que volver a jugar en Aguada, un abrazo
Jorge Sosa