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Montevideo, húmedo y ventoso. Dicen que va a diluviar. En el hotel transitan turistas, cámaras, familia, amigos, representantes y prisas. El está calmo y sereno. Sutil o explícito en sus canciones, siempre honesto. Un hombre de escenario con la grandiosa cualidad de integrar con certeza musical y visual, almas. Y como dice una canción, que sea lo que sea.
Laura Federici | Fotografía: Daniel Cheico | Agradecimientos a: Sybila Trabal y Majareta Producciones

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—“12 segundos de oscuridad”. El tiempo que demora el faro de Cabo Polonio en dar la vuelta completa. ¿Porque ese lugar para ese disco, o ese disco para ese lugar?

—Cabo Polonio es un lugar muy especial para mi. Ya en el primer disco que hice en 1992, se cierra con una canción que se llama “Luna del Cabo”. Toda la costa de Rocha siempre fue un lugar de mucha inspiración, y el Cabo en particular por las características de aislamiento que tiene. Yo trataba de aislarme de un año muy mediático, de mucha exposición. Fue solo una semana que me sirvió para encontrar la madeja guía del disco. La metáfora guía.

—¿No hay luz sin oscuridad?
—Son dos opuestos dialécticos y no hay uno sin el otro. Hay miles de metáforas obvias, como el hecho de que no ves las estrellas si hay luz del sol. Necesitás un punto de oscuridad para distinguir la luz. Un faro sirve porque da luz, pero sirve también porque esa luz tiene un ciclo. Está en movimiento, el ciclo está dado por la alternancia de luz y oscuridad. Hay que aprender de los momentos de desasosiego, de los momentos de incertidumbre, de los momentos de ausencia de luz. En la vida de cualquier persona tarde o temprano te cruzas con eso. Todas las circunstancias humanas te enseñan algo si tenés la voluntad de aprender, de tratar de sacar algo de un momento de muchísimas dudas existenciales.

—Casi todas tus canciones hablan de cambio, de continuo movimiento. ¿Qué es, entonces, lo que permanece en tu música y que es lo que cambia?
—Es una buena pregunta pero no se si la puedo responder exactamente.
—Uno es uno y sigue siendo uno en todas las cosas que hace. (Silencio) Si que puedo. Si que la puedo responder haciéndote pensar en vos. Que tenés en común con la persona que eras hace diez años? Si tenés en cuenta que todas las células del cuerpo ya las has recambiado en dos años, todas las moléculas, todo. ¿Dónde quedaste vos, qué sos vos? ¿Qué sos vos y qué se va? Eso es exactamente lo que pasa con los discos. Todo lo que hacemos como seres vivos está marcado por el cambio. El cambio es vida. Toda disciplina artística es para mi como el perfume de la especie. Si se queda quieta se muere. La música sale de la interacción entre lo que vos sos “relativamente inmutable” y como opera sobre eso las circunstancias cambiantes que tenés siempre alrededor y siempre dentro.

—Suena bien. ¿Hasta donde podés modificarte, hasta donde podés incorporar cosas muy diferentes a vos, hablando de tu música?
—Te sigo… Partís de una base que es muy lindo aclarar. Yo no soy músico, soy un cancionista. Tampoco soy un escritor, soy un poeta. Soy una persona que hago interacciones entre texto y música. La canción es un género muy complejo. El mundo textual y el mundo no simbólico que es el mundo de la música. Tiene mil puertas de entradas, desde el timbre de un sonido de un instrumento, hasta una base rítmica, hasta un idea fonética de la letra, una estructura métrica que trabajás como un soneto. Muchas cosas…
—Más despacio que no te sigo, es que no soy especializada en música…
—Yo tampoco soy una persona especializada en música (risa).A lo que voy es hasta que punto uno puede salirse de su mundo sin caerse fuera de su mundo, hasta donde uno puede salirse de su mundo sin luxarse. Es como la flexibilidad de cualquier articulación. Vas tanteando. El coto de la casa artística es una habitación oscura. A veces tocás el límite, a veces te equivocás. Pero la única manera es entonces equivocarte y buscar. No se diferencia de cualquier otra actividad humana.

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—¿Qué cosas tienen en común tu alma de médico y tu alma de músico?
—Las dos son profesiones de escucha y las dos parecen no ser profesiones de escucha. El músico parece desde que sube al escenario que es un emisor. Un médico parece que escuchara el mínimo indispensable para emitir diagnósticos y salud. Un buen médico es el que sabe escuchar, el que sabe leer entrelíneas, el que sabe escuchar no solo lo que se le dice directamente sino lo otro. Como te movés, donde mirás, la respiración, y eso es también lo que hacés cuando estás en el escenario. Estás pendiente del público. No si aplauden o no, sino si tose, cuando se levanta alguien. Eso que traspasa el silencio.
Y el contacto humano… trabajás con material muy radioactivo que es la experiencia humana. Si te metés en serio trabajás con lo más lindo y lo más feo que tiene.

—¿Crees que la canción pop de hoy es un poco optimista?
—Yo creo que el pop, sobre todo el pop en español, carga con la cruz de la alegría. Evidentemente cualquier discográfica del mundo hispano de todas las canciones del disco va a buscar la más alegre para meter el single. Yo no creo mucho en los formatos del single. Creo que la gente no es suficientemente idiota como para que haya que bombardearla con la misma canción. Desconozco el marketing, apenas miro televisión, no escucho casi la radio en España. No tengo idea lo que puede tener un programador de radio o televisión en su cabeza. Pero lo que si sé, es que hay muchas cosas sobrevaloradas. El éxito es la primera de ellas. La euforia es otra de ellas. La juventud. Muchas cosas están sobredimensionadas. El sexo sirve para vender heladeras o autos.

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—Todo el que hace se expone. ¿Es muy difícil no traspasar el umbral y sobreexponerse?
—Llega un momento que no te interesa escribir de nada que no te conmueva. Uno trata de flexibilizar sin romper. Hablar de las cosas que conmueven sin herir a nadie y sin perder un pudor mínimo. Tenés que enfrentarte en cada caso a una situación en particular. Pero no se puede legislar sobre eso.
Se va entre risas y saluda a los ojos, inmune a las prisas. Es un hombre íntegro, lúcido, bienaventurado. Parece disfrutar cada segundo de luz y oscuridad, silencio o música, palabras. De estar en casa y poder volver. Porque da la sensación de haber aprendido ciertas lecciones y seguir viviendo en sus canciones. La armonía de un hombre que se expande, musicalmente, digamos, personalmente. La vida hecha canción.



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