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Llegó tímido, diríamos casi desconfiado. Hubo que esperar un rato, por lo que tomamos un paseo desde Pérez Castellano hasta la calle Buenos Aires y Maciel. Después, con esas cosas del destino, nos comimos un “guruyú”, nombre de liga de barrio, en “El Hacha”, mítico bar almacén. Una o dos veces lo pararon por la calle, a pedirle autógrafos. El refunfuñó un poco, modestia aparte. Pero lo delatan los ojos. Brillan, como dos perlitas en un océano de gloria. Gonzalo Delgado | Laura Federici | Fotografía: Daniel Cheico
| Agradecimiento a Almacén El Hacha

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Es un hombre grande con una gran historia a cuestas. Nada menos que tener la responsabilidad de ser el hombre que hizo el gol frente a un estadio Maracaná enmudecido y llevarnos a ser Campeones del Mundo.
A 57 años de ese julio, su gloria queda como un símbolo. Casi como el nombre de un país. Luego vinieron muchas derrotas y muchas más comparaciones. Maracaná no nos deja.

Ghiggia y Mediterraneo 005

—Usted jugó en la Roma. ¿Cómo era irse a Italia en los 50; era un paso adelante futbolística y económicamente hablando?

—Me fui para Italia. Son países más avanzados, con un mayor profesionalismo. Jugué nueve años en Roma y uno en el Milán. Encontré un grupo muy bueno y me acoplé a ellos. Me costó adaptarme un poco, de todas formas. Había dos uruguayos en esa época. Después del mundial del 54 empezaron a haber más. El fútbol antes yo lo jugaba porque me gustaba. Ni sabía cuanto iba a ganar ni nada. Yo arreglaba los contratos, todo. Ahora cambió, hay muchas cosas, hay sponsors, todo es muy distinto. El jugador que se va sin experiencia, como los están vendiendo a Europa, es bravo, es difícil. Tenés que acostumbrarte al entrenamiento. Te llevan al trote, de mañana y de tarde.

—Usted jugó muchos años al fútbol.
—Cuando volví a Uruguay tenía 37 años. Venía para no jugar más. Acá hicieron una selección de los del 50, con otros más jóvenes e hicimos unos partidos a beneficio. Se llamó La cruzada del Dr Caritat. Después de eso vinieron de Danubio, yo no iba a seguir jugando, dije, fijate, tengo 37 años, pero ellos me dijeron que me vieron muy bien y me fui con ellos. Yo jugaba para divertirme, era otra época.
Jugué hasta los 42 años. Ahí dije no va más y me retiré. Pero si, jugué mucho al fútbol. Empecé en Sudamérica en el año 44 en inferiores. Antes había cuarta, tercera, reserva y primera. No como ahora que hay sexta séptima, octava. Ahí íbamos escalando posiciones. En el año 46 Sudamérica descendió. Ahí hicimos un año en la B. En el 48 pasé a Peñarol, vino la huelga, y no jugamos. En el 49 se arregló y ahí el técnico me puso en el primero y ahí quedé.

—¿Cómo eran los jugadores de esa época?
—En los 50 no existían jugadores del exterior. Podían ser dos, tres selecciones a cuál de ellas mejores. Eran buenos jugadores, jugadores jóvenes, de experiencia, ambos dentro del campo se manejan. Un director técnico no puede parar un partido para dar una instrucción. Ahora es muy distinto el fútbol. Yo hace 17 años que no voy. Solamente voy a ver la selección, no a los cuadros. Los veo en TV y si es malo la apago enseguida. No me llama la atención. El fútbol es un espectáculo, si das un buen espectáculo la gente va, si das un mal espectáculo la gente no va. Antes jugaban los cuadros que llaman los chicos e iban muchísimas personas. Ahora no.

—La huelga del 48 cuentan fue la más grande y más popular de la historia, que hasta Luis Batlle se interesó por ella y medió…—Se inició para obtener mejoras para el jugador; el jugador antes era muy esclavo, no existía la mutual de futbolistas, no tenían quien los defendiera. Se quiso mejorar la calidad de vida del jugador, de los contratos y se propuso y se presento a la federación y como no hubo acuerdo fuimos a la huelga. Seis meses duró. Hubo gente que se fue a trabajar porque de algo tenían que vivir, como no se jugaba no había sueldo, pero se aguantó y se ganó con las mejoras necesarias para el jugador.

—Tras la huelga se formó la máquina del 49, que hasta hoy se recuerda como uno de los dos o tres mejores equipos de la historia del fútbol uruguayo. “Ghiggia-Hohberg-Míguez-Schiaffino y Vidal”, según algunos
—En esa época habían traído a un técnico húngaro a dirigir a Peñarol. Eligió los jugadores. Un día estábamos practicando y vinieron los dirigentes a la cancha y le preguntaron si tenía más o menos armado el cuadro y el dijo que sí y fue diciendo puesto por puesto. Cuando llegó a la punta derecha me señaló a mi y fijate que yo era nuevo en Peñarol y le dijeron que no, que en ese puesto tenían a Ortiz y Britos que eran internacionales y el dijo que no, va a jugar aquel. Así empecé mi carrera en Peñarol. Esa terminó siendo la base de la selección del 50 porque estaba Máspoli, Míguez, Obdulio Varela, Ortuño, toda la delantera menos Hohberg, que éramos cuatro.

—¿Pensaron en algún momento que se podía ganar ese partido en Maracaná?
—Nosotros a ellos los conocíamos. En esa época se jugaba la Copa Río Branco y jugamos tres veces, el primero lo ganamos 4 a 3, el segundo perdimos 2 a 0 y el último lo perdimos 2 a 1. Sacamos muchas conclusiones, sabíamos como jugaban. Lo difícil era jugar contra los europeos, no sabíamos nada de ellos, en esa época no había tele, no había video, nada.

—¿Cómo fue ese segundo gol que lo metió en la historia del fútbol mundial? Actualmente es considerado uno de los mejores goles de la historia de los mundiales.
—Fue una jugada similar a la del empate, yo era muy rápido, me iba en velocidad y Barbosa creyó que iba a hacer la misma jugada y se abrió un poco para cortar el centro, dejó un hueco y agarré y tiré y cuando él se tiró, ya era tarde. Después fue el silencio más impresionante que he escuchado.

—¿Se vieron campeones cuando hacen el gol o creían que Brasil todavía les podía empatar?
—No hubo una reacción de la hinchada, no los apoyaron y ellos quedaron muertos, ahí quedaban 11 minutos y nos dimos cuenta que ellos no nos podían ganar, estaban muertos.

—¿Cómo fue ese momento con Jules Rimet que parece que escondía la copa para dársela a Obdulio?

—En esa época el mundial era por puntos. Brasil nos llevaba un punto y Jules Rimet bajaba en el ascensor cuando hicimos el gol pero el no se enteró y cuando estaba entrando a la cancha ahí le dijeron que Uruguay había ganado y el hombre no tenía preparado discurso, nada. Entonces Obdulio le dice “si me quiere dar la copa me la da, total con copa o sin copa somos campeones del mundo igual”.

—¿Es cierto ese cuento-mito que después del partido los dirigentes no los dejaron salir del hotel y ellos se fueron de cabaret y Obdulio se escapó y salió de copas por los bares?
—No, no es verdad, incluso algunos dirigentes se fueron antes del partido, fueron tres o cuatro y agarraron antes de irse a Obdulio a Máspoli, a Gambetta, a los más experientes y les dijeron que habíamos cumplido y que trataran de que no nos golearan y que se comportaran bien dentro del campo de juego y ellos se fueron. Se quedaron tres, el presidente de la delegación, un delegado y el tesorero. Pero no hubo nada de eso, Obdulio salió por su cuenta a unos bares que había cerca del hotel y se fue a tomar con los brasileros, el era muy bohemio, se fue solo por ahí.

—¿Se sintieron como héroes cuando llegaron?
—La verdad que yo nunca vi tanta gente en Montevideo, nos fueron a esperar al aeropuerto y después todo por la rambla, Bulevar Artigas, la fuente luminosa del Parque de los Aliados y de allí para el estadio, lleno de gente

—¿Qué supo de la vida de Barbosa?
—Pobre hombre, le hacían la vida imposible. No podía ni salir de la casa. Yo cuando hablé con él le dije, no les hagas caso, en el fútbol el cuadro se compone de 11, si ganás son los 11, si perdés pierden los 11.

—¿Se volvieron a ver con los brasileros del 50 ?

—Nos encontramos con el cuadro. Los invitamos a jugar un partido acá en el estadio para juntar fondos para las cruzadas del Dr. Caritat y ellos accedieron, que no era fácil, eso fue por el 63, cuando me vine de Italia y con ellos hicimos una amistad, que siguió y ahora lo contás y la gente no lo puede creer. Esa vez atajó Barbosa.

—¿Volvió al Maracaná?
—Sí volví. Fui a ver eliminatorias de Uruguay. Mirá, una vez fui, y cuando bajo del avión y presento mi carnet de identidad, una muchacha miraba, daba vueltas de aquí para allá… yo le pregunto si pasa algo con el documento, y me dijo: “Usted es Ghiggia, el del 50?” Si, le contesto, pero eso pasó hace mucho tiempo, y me dice: “pero a mi todavía me duele acá (señalándose el pecho)”. Te das cuenta que ella no vivió eso, pero se va pasando de generación en generación. La última vez que fui los diarios publicaron “Llegó el fantasma del Maracaná”. Les quedó, sí, les quedó.

—A nosotros también.
“Sólo tres personas enmudecieron el Maracaná, El Papa, Frank Sinatra y yo”
Alcides Ghiggia en referencia al gol de que dio el triunfo a Uruguay ante Brasil por el título del Mundial de 1950.

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