Martín Buscaglia. Jugando entre sonidos
Portada Febrero 15th, 2008
Eduardo Mateo, Urbano Moraes o Ruben Rada, sonaban de fondo como un arrullo o una insistente forma de marcar el rumbo en cada tarde de siesta. Martín Buscaglia, hijo de “El corto” Buscaglia y Nancy Guguich –integrantes de “Canciones para no dormir la siesta”– ha vivido dentro de un mundo de teatro, creación y sonido, y es hoy un músico inclasificable con un carisma escénico muy particular.Tiene algo lúdico en su mirada, en su forma de hacer música. Toca todo lo que sea sonido. No teme a la electrónica ni al candombe beat, ni siquiera a la milonga. Se mueve, se mece entre ritmo y silencio y ahí va, encontrando su lugar. La revista “Rolling Stone“ puso el ojo en todos sus discos y su cuarto álbum solista El Evangelio según mi jardinero le valió el premio Graffiti al mejor solista del año en nuestro país.
Por Laura Federici — Fotografía Daniel Cheico
En todo este tiempo ha compartido escena con Caetano Veloso, Luis Eduardo Aute, Spinetta, Fito Páez o Charly García. Y acá ha tocado con los mejores, indudablemente.
Ir y volver e ir. Es un hombre viajero y por eso mismo, cada disco, cada canción, refieren siempre a esas experiencias que va acumulando, ese sonido al que se le anima a entrar y jugar, a desarmar en todas las piezas sin dejar de lado la voz, la guitarra, el banjo, la electrónica, además de un mundo de juegos e instrumentos antiquísimos o novedosos.
Viaja, ríe, goza y apuesta al azar de la vida. Porque al fin y al cabo todo es un gran juego que alguien ha preparado con nosotros, y en ese juego se encuentra un válido camino de encontrar la seriedad y el sentido. Martín se dedica a vivir y cantar de ese modo, como un hombre orquesta, con todo lo que haga, pueda y sea, sonido.
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Berimbau, ravanatta, theremin y mucho más
Se sentía solo con eso. Una guitarra y un hombre parecían poco para desplegar toda la explosión de inquietudes que tiene este muchacho en su cabeza, en el cuerpo y en la voz. Sin desmerecer al hombre y su guitarra, él se sentía solo cuando anduvo por España con sus conciertos en vivo. “Yo quería sacarle el jugo a los instrumentos. Así surgió el hombre orquesta. A mi los discos que más me gustan son los de solistas que tocan todo ellos. Me parece inspirador componer, experimentar”.
La guitarra y la voz, formato hermoso y clásico pero austero para quien busca jugar, explorar. La música como un encuentro con el absurdo.
El lado más funkero, dice, lo tiene con Martín y sus Bochamakers. Después el hombre orquesta, sin nada grabado previamente, una cosa creada en el momento. Martín y su juego.
“Voy con un carrito lleno de instrumentos. Cada concierto es distinto. Salen cosas nuevas, distintas. Soy un laboratorio en vivo. Siempre salen historias para discos nuevos”.
Solitario o no, difícil o no, lo cierto es que este es su cuarto disco, El Evangelio según mi jardinero, donde logró conjugar muchas de esas inquietudes. El más audaz, a coincidir de muchos.
Sus variados viajes, su residencia durante un año y medio en el barrio Lavapiés de Madrid (barrio cosmopolita si los hay), un largo crucero donde hay amores y puertos, Croacia y su familia de origen, son algunos puntos de inspiración. Y claro, los instrumentos.
“En este disco tengo muchísimos. Yo quería sacarle jugo, a mi modo, a todos los instrumentos. No sólo a los que conozco sino a los que no conozco. Quería un sabor singular. Aparecen en este disco unos cuantos. Ukelele, piano, el banjo, también aparecen diversas guitarras, bajo, teclados y la ravanatta que es un instrumento hindú, una especie de berimbau o violín. También toco juguetes que los ‘instrumentizo’, los abro y hago una operación quirúrgica para usar todas sus unidades. Además de instrumentos muy particulares como el Theremin”. Lo explica, con una exactitud e inquietud propias de quien va a fondo con lo que hace.
“El theremin parece ser el primer instrumento electrónico de los años 20, antes de los teclados. Vos tocás acercándote a él, son como unas antenas y arrimás la mano y suena. Lo inventó un ruso cuya mujer tocaba violín y tuvo una parálisis en las manos, entonces el marido inventó el instrumento para que siguiera tocando”.
Parece que al mundo lo agarra en un puñado, devora todo con la inquietud de quien disfruta el ansia de existir, sentir y darlo todo. Lo mismo hace con la letra.“A veces tengo una letra de un tirón totalmente improvisada, o puede ser un soneto, un haiku, que son cosas súper estructuradas en cuanto a métrica. Ambas formas son muy válidas para trabajar y las manejo así”.
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El mundo sin siesta
Desde siempre el juego ha sido en las sociedades lugar donde encontrar nuevas formas y caminos para la vida “seria”.
Martín Buscaglia nació y se desarrolló en un medio donde el juego era parte del trabajo. Su casa formaba parte de una filosofía y una práctica muy concreta de sus beneficios y “seriedades”.
“El juego es un mecanismo que el hombre inventa para sacar a flote otras cosas. Una corrida de toros, un partido de ajedrez, un juego de pelota, la propia música entendida así”.
Supo desde siempre que el lado lúdico, el que rompe con ciertos modos esquemáticos de ver la educación y el desarrollo, tenía mucho que ver con la vida misma. Evidentemente, se acercó casi como un instinto.
“Las estructuras me sirve verlas y me sirve romperlas. Creo que vivir está extremadamente unido con el tocar. Lo vivo de esa manera. Así como hay otras personas que se manejan con la lógica, el intelecto o lo que sea, yo no puedo dejar de pensar en lo absurdo que es todo y a la vez maravilloso”.
Tiene un interés muy grande con el trabajo de los dadaístas, surrealistas; con el sueño, el juego y el humor.“Este disco se iba a llamar “inconsciente””, aclara.
Es una lógica de vida. Porque mientras unos le decíamos a la chivita sal de ahí, Martín se arrullaba al comienzo y en la gesta de cada canción, en todo ese mágico y sutil proceso creativo que llevan los músicos buscando ese tono, esa rima, esa nota.
“Tengo bien claro que lo absorbí de esa forma. Por un lado era normal componer y hacer obras de teatro, preparar. Mi madre era la cabeza pedagógica de todo. “El corto Buscaglia”, mi padre, el lado creativo y la dirección. Mi casa fue siempre como un taller de creación”.
Desde muy chico, escribir, componer, viendo a la gente quedándose hasta el amanecer para encontrar un tema, una canción, fueron su forma de entender la “normalidad”. Ese proceso se le debe haber traspasado por la piel, el aire y el aliento, porque hoy, cada cosa que respira, que siente, que vibra, obviamente está influenciada por ese camino de creación. Nacer así no es garantía de nada, afirma, pero evidentemente abre un sentido distinto de entender la vida.
“Considero el azar y el juego como un punto de llegar a mi. Necesito hacer música, aunque se acabara todo, las discográficas, todo. Yo seguiría haciendo música. Lo que hago, lo hago todo el tiempo, sin un fin en sí”. Juntarse con los afines, no sólo para componer sino como caldo de cultivo de muchas otras cosas, lo heredó como una forma de compartir la vida y las ideas.
“Tengo muy presente el recuerdo de dormir con una ronda de gente componiendo, buscando una melodía hasta el amanecer. Urbano Moraes, Mateo, Pippo, en todo ese entorno algo sucedía siempre.”
Agradece a todos los que le permitieron compartir su música con ellos, en este largo camino hasta el buen momento musical por el que está pasando.“Popo Romano y Tunda Prada, especialmente en la adolescencia fueron los que me dejaron entrar a su mundo y a su música y a tocar en sus bandas, para mí, un momento musical muy importante”.
Ahora tiene el placer de grabar con gente a la que admira mucho: “Arnaldo Antunes y Juana Molina participan en este disco, grabamos en sus casas. Allá en España trabajé con Kiko Veneno. Además de haber compartido en estos años escenario con Caetano o Spinetta, a quienes considero siempre referentes. Tocar con amigos que son grandes músicos. Todas estas son cosas que agradezco.”
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Visión musical
Ir y venir e ir. Así entiende también la vida y la música. Cree que de todo lo negativo de estos años de crisis y de diáspora, se ha sacado un lado enriquecedor y nuevo, también para la música.
“Esto va a generar una generación de gente más ambientada. Hijos de gente, o gente, con una cabeza más abierta hacia el resto del mundo. Todos los que vuelven, no pueden o pudieron dejar de convivir con nuevas formas de vida, otros hombres y otros horizontes. Entonces, de ahí, hay una nueva apertura para escuchar y entender, también la música”.
Claro que las nuevas tecnologías han facilitado todo. Sus dos últimos discos han sido editados por el sello Lovemonk, de España, como parte de entender ese ir y venir de los lugares y la gente. Su música es un fiel reflejo de ese espíritu de partidas y bienvenidas.
“Son todos discos viajeros. Y es un interés que siempre tuve, y los viajes son extremadamente inspiradores para la vida”.
No niega ciertas preferencias e inclinaciones, pero la búsqueda siempre es total. “Hago canciones donde no tengo ninguna regla preestablecida para armarlas. Evidentemente tengo influencias, aunque puedan no verse reflejadas directamente”.
En su último disco, podemos encontrar de todo, conviven cosas que en un principio pueden ser incompatibles. “Hay funk y hay milonga. Naturalmente como son músicas que adoro e investigo pueden convivir en una canción”.
Y todo puede funcionar para convertirse en su música:
“En el disco aparecen desde una Sanfona, un instrumento antiquísimo hasta el sonido de un Simón o una maquinita. No me privo de nada cuando necesito un sonido o una palabra. La misma música que hay en las palabras. Una letra eterna puede significar todo. Me sumerjo tanto en la letra como en la música. Son potentes y poderosas ambas cosas”.
Sabe que a veces, tanto ruido, molesta. Entonces prefiere no etiquetarse con nada, ser un músico inclasificable.
“Está bueno generar cosas. Prefiero un grupo que me parezca horrible a uno que no me diga nada. Ponerse fundamentalista en cualquier cosa es una estupidez total. Te puede gustar mucho el rock, pero no te vas a privar del placer de disfrutar una canción de Sinatra. Tengo mis preferencias, claro. Adoro la música negra en general. Adoro el funk y el hip hop pero luego no me interesa recomponerlo tal cual, estoy rodeado de muchísimas más influencias”.
Pero resume el modo de entender la música con una frase muy certera: “Todo es mucho más parecido y cercano. Al final todo son sonidos y palabras”.
Cantar con cuentos
“Cantacuentos” cumple 10 años. Para quien no lo sabe, es un grupo de música y teatro para niños, liderado por Martín, con la cabeza pedagógica de Nancy, e integrado por reconocidos músicos de la escena nacional que se conectan de una forma muy particular con ese mundo infantil. Van por el quinto disco, siguen por muchos años más. Mientras haya niños, habrá música.“Empezó como un programa en la tele, en Canal 5. Todos, los siete músicos que lo integramos, también hacemos música para adultos. Los niños disfrutan al máximo, agitan, no les importa nada. Si les gusta se suben al escenario a hacer de todo, si no les gusta, se van”.
Páginas recomendadas:
www.martinbuscaglia.com
www.myspace.com/martinbuscagliamusic
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