Viajar en foco

Portada Junio 15th, 2008

Dos fotógrafos nos dan su visión de viajar desde el ojo de la cámara. Uno nos muestra el desconocido Uruguay. El otro nos lleva por destinos diferentes, un poco más lejanos en tiempo y distancia, pero siempre asombrosos. Distintos perfiles de una misma pasión: fotografiar en viaje

Por Laura Federici

Ambos son destacados fotógrafos nacionales, con una amplia experiencia: Daniel Caselli como fotógrafo de agencia y foto reportajes; Diego Velazco como socio fundador de las productoras Dominó y Aguaclara, la cual cuenta con un interesantísimo archivo de fotos de nuestro Uruguay. El primero extraña inexorablemente viajar, ya que su trabajo en una agencia noticiosa internacional para América Latina como editor fotográfico lo mantiene en la tarea fija, aunque no descarta un nuevo destino cercano. El segundo recorre el país, y nos muestra un Uruguay desconocido para muchos. Ambos cuentan y muestran, fotos y anécdotas de sus mejores viajes. Porque viajar no está solo en el destino, sino en el ojo del que lo mira.

“Reseteando” los sentidos

Viajar es perderse en el no lugar. El hombre es otro, el lugar es otro, el tiempo es otro. El tiempo se dilata y podemos ser cualquiera en cualquier parte. El viaje nos convierte en pasajeros en tránsito, ávidos de ver, de sentir, de capturar algo de eso nuevo que se presenta en nosotros.

Por eso, viajar es mucho más que conocer un destino. El fotógrafo captura y descubre con su cámara un lugar desconocido, capta ese algo que se esconde y que delata un poco de la realidad y de él mismo. Según Daniel Caselli, “Cuando uno viaja los ojos vuelven a renacer, a ser estimulados por realidades nuevas. Tus ojos se ‘resetean’ con nuevos colores, nuevas sensaciones, sonidos y lenguajes”. Tanto él como Diego Velazco coinciden en que viajar despierta una nueva percepción, nos saca de nuestra cotidianeidad para pasar a ser sorprendidos por una realidad nueva ante nuestros ojos: “En nuestra realidad rutinaria de la ciudad, o el lugar donde uno vive, esas cosas que podrían sorprendernos pasan a ser normales y pierden el encanto inicial de la espontaneidad. Esos nuevos estímulos que te llegan por descubrir cosas nuevas acentúan tu propio subjetivismo.” Sorprenderse, estimularse: en fin, ver “esa” realidad.

Pero no todo es improvisado. Los viajes se deben planificar y organizar para obtener de ellos todo lo que nos pueden dar. Mucho saben del asunto estos fotógrafos de pasión y profesión. Uno debe a sus trabajos de foto reportajes, un tiempo importante para conocer acerca del lugar destinado. “En lo humano, social, cultural, como también en lo geográfico. Ahora, con Internet, se pueden preparar viajes de muchas formas. Incluso puedes ver en la computadora de tu casa fotos satelitales de cualquier país, de rutas en campos, calles de una ciudad”. Caselli sabe que el azar puede surgir con las fotos “robadas”, pero mucho de eso también está organizado de antemano.

Velazco, por su parte, también demuestra mucha organización en sus destinos, los cuales merecen una recorrida días antes de encarar las fotografías, aunque siempre –dice- hay lugar para la improvisación: “el camino te va llevando a otros lugares y estos a otros, y hay veces que planificamos dormir en Melo y terminamos en Treinta y Tres, pero con un material buenísimo”. Lo mismo pasa con un mismo lugar, que a veces es necesario ver mucho más de una vez para realmente percibirlo. Es entonces que un viaje y un lugar se convierten en algo totalmente inesperado. Porque la “subjetividad” hace que de una misma atmósfera puedan surgir muchas formas de ver. “Cuando consigues dominar perfectamente tu cámara, tus lentes y la luz, y lo técnico no te traba -cosa que es esencial-, lo que te queda es una gran libertad para ver y subjetivamente encuadrar y disparar. Por qué digo “subjetivamente”: hay algunos que prefieren fotografiar al tigre en su jaula, otros prefieren darse vuelta y fotografiar a los visitantes del zoológico que miran al tigre”, aclara Caselli.

También es necesario viajar cómodo de equipaje, con lo imprescindible. “Lo indispensable es el equipo “justo”, ni más ni menos, con una segunda cámara de back up por si falla la primera. Generalmente trabajo en 35mm digital, pero también fotografío con una Linhoff Panorama 6×17, mi cámara predilecta”, dice Diego.
Respecto al foto reportaje, Caselli hace una breve descripción del trabajo: “Los trabajos tienen tres pasos o etapas a cumplir. Preparación, edición y la más divertida, cuando estás en el terreno con tu cámara. Ahí, la única regla vigente es ética: la relación fotógrafo-fotografiado. Si no te relacionas con mucha cautela, respetando la gente que te rodea, terminas levantando la cámara y lo único que consigues de seguro es agredir al fotografiado. Esa tensión, ese disgusto no dicho del fotografiado, se ve en la foto. Esas fotos no sirven para nada”.

En un mundo cada vez más conectado en apariencia, la tecnología se ha apoderado de todos los ámbitos. “Trabajo desde hace muchos años sumergido en la información. Sumergido en las noticias de un mundo cada vez más pequeño a causa del tremendo caudal informativo que circula de un lado para otro. Televisión, radio, diarios, internet, los mails que ahora te pueden llegar a tu celular, te atragantan. Cada vez se hace más difícil evaluar y entender la noticia”.

Tecnología devoradora

La fotografía digital ha facilitado notablemente el uso de cámaras más livianas, así como la comodidad o rapidez lograda con una buen equipo y buenos programas. “Los archivos digitales que sacan las cámaras profesionales ya superan en calidad lo analógico”, afirma Caselli, pero no sin recordar la gran dependencia tecnológica que esto genera: “Estás cada vez más atado a terceros, los fabricantes de cámaras y computadoras, quienes al sofisticar cada vez más los productos, los vuelven más frágiles”. Es difícil imaginar una cámara digital resistiendo como lo hacían las antiguas cámaras. “Recuerdo, hace años en Nicaragua, una cámara de película que se me hundió en el barro. Esa noche, en un campamento, la desarmé con mi jueguito de destornilladores de relojero, la limpié y la sequé junto a una fogata. Al día siguiente toda la parte mecánica de la cámara funcionó de nuevo, salvo el exposímetro”.

Por su parte, Diego afirma que las ventajas son claras: “La imagen la ves en el momento, eso te asegura la foto que estabas buscando, ya no te queda la duda del revelado. Por otro lado te posibilita tirar cuantas fotos quieras, que a su vez es un arma de doble filo, sobre todo cuando tenés delante tuyo una escena muy buena pero de muy poco tiempo de duración. O sea, lo digital es casi infinito (sacas y borras), la película no. Las desventajas: el almacenamiento y orden de las miles de fotos que vamos acumulando”.
La tecnología devora y avanza. Es un hecho. Quizás a los fotógrafos les genere un desafío constante, pero para el alto nivel de contaminantes que generaban las películas con base de plata y acetato, con químicos peligrosos que en el caso de Uruguay, nunca eran reciclados, esto fue un respiro al medioambiente. Por donde se mire, el nuevo formato trajo ventajas aseguradas, está en cada uno como explorar sus posibilidades y no abrumarse con sus desventajas.

Próximos destinos: Uruguay

No es necesario un gran viaje para el verdadero fotógrafo, o sea, para quien sabe posar la mirada. Uno puede maravillarse con lejanas tierras, pero muy cerca se encuentran mundos fascinantes e imperceptibles para muchos.

Ambos coinciden en que nuestro país tiene grandes maravillas para mostrarnos. “Quiero volver a alguna de nuestras playas, aquí cerquita, que en invierno se convierten en casi salvajes. En la costa estoy descubriendo un micro mundo fantástico. Lo vengo fotografiando, editando, redondeando e incluso proponiéndolo para mostrarlo”, dice Caselli, mientras Diego Velazco hace tiempo que ha posado su atención en nuestros destinos. La productora Aguaclara tiene un banco de imágenes importantísimo sobre nuestro país, y él es uno de los fotógrafos. “Estoy planificando para la salida del invierno un par de estadías entre gauchos, conviviendo con ellos en sus respectivos puestos de trabajo y en un recorrido por la frontera de Brasil–Uruguay desde Chuy hasta Artigas”.

El viaje, entonces, pasa a ser una aventura constante a miles de kilómetros de nuestra tierra y costumbres, del mismo modo que a pocos pasos y en otra realidad, capturada por el lente de estos apasionados fotógrafos.



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