Don Trigo Parque Rodó

Av. J. Requena y García esq. Sarmiento.

Lunes a domingo. Tarde y noche.

Me gusta el centro vacío en los feriados, como me gustan los boliches fuera de fecha. Es cierto que el Trigo del Parque se asocia naturalmente con calorcito, aire libre, primavera y verano. Pero a mí me gusta en invierno. Esa barra larga de madera, con el fuego ardiendo delante y unas luces direccionadas, ideales para la lectura nochera de algún policial o novela negra. La música se escucha, pero no molesta. El murmullo de la gente es una agradable “banda sonora”, que al no estar repleto permite la concentración y acompaña. Un whisky para redondear la escena. Y para cenar, aprovechar la parrilla. Un matambrillo de cerdo muy rico. Mientras da vueltas en la parrilla, rociado con jugo de limón y pincelado con un aderezo que le da un toque de especias muy atractivo. Después de servido, toque personal, bastante pimienta y un toque de aceite de oliva. Y la cocción justa, ni rosadito ni seco en exceso. Para acompañar, la vieja y querida papa el plomo. Cuánta magia en tanta simpleza. Nada de roquefort ni morrones. Manteca y sal, y a otra cosa. Y el fuego ardiendo, el frío afuera, el murmullo de fondo, otro whisky y las hojas sucediéndose.

Su bar

Maldonado y Frugoni.

Lunes a viernes de 8 a 18 horas. Sábados hasta las 15 horas.

Cuando el que está comiendo contigo te dice frente al plato, humeante, recién traído, “me hace acordar a la comida de mi abuela”, es porque arrancamos bien. Y la verdad seguimos mejor. Entre las sugerencias del día me encontré con una Panatella de pollo. Una milanesa espectacular: gruesa de carne, justa de pan rallado y bien sequita. Con rodajas de tomate fresco y muzzarella. En placer a cada bocado. Para acompañar, un clásico: papas fritas. Otra de las sugerencias que valen la pena son los canelones. Caseros, de verdura, jamón y choclo. Muy ricos, en particular me impresionó el relleno de la verdura. Muy sabrosa, con la acelga aderezada lo justo. Buena cantidad de salsa blanca y salsa de tomate con una rodaja de carne de estofado tierna y sabrosa.

Como remate, buen té y café y una tentadora torta de manzana. No los probé, pero a la vista resaltaba una interesante variedad de whisky, grappa, ron y algún licor interesante.

Buena atención, ambiente agradable y una estética confortable dominada por la madera. Muy recomendable. Y en breve, voy a por un Kasler y una tortilla de papas, que me quedaron en el debe.



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