uya_libros_casasdepapel La casa de papel
Carlos María Domínguez
Punto de lectura
En sus vínculos con los libros, uno no siempre logra desarrollar una relación afectiva de amor a primera vista. Bueno, este es de uno de esos casos. Donde entre lo que te gusta la novela (corta), las complicidades que te genera y lo que te gusta la edición y al final del libro te quedás con una sensación que no es muy explicable, pero que te gustaría se mantuviera un buen rato y se repitiera muchas veces con muchos libros. Todo eso lo logra esta edición de la casa de papel. Y una mención especial para la relación entre el lector y las bibliotecas, la de él, la de “los amigos” y hasta las de los desconocidos. Hermoso libro.
Por Gonzalo Delgado


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Pogo
Daniel Mella
HUM editores

La primera vez que la leí, Pogo me generó sensaciones extrañas. Las referencias generacionales que me acercaban al personaje (el cassette de Los Ramones, el Walkman AIWA, la comida en el horno para calentar, fumarse a Traversa, entre otras), los personajes que por aquella época, que tenían partes del protagonista de Pogo. Y esa rara sensación masoca de momentos de la adolescencia de disfrutar la angustia, la soledad, la incomodidad con uno mismo y lo que lo rodea, en síntesis, el sufrimiento. Muchos años después, esta “versión definitiva” de Pogo, me volvió a recordar muchas de aquellas sensaciones, pero desde la distancia. Y me permitió apreciar mucho más lo bien escrita que está, la agilidad con que se lee, y ratificar la angustia y desesperación que transmite el personaje. Y me permitió recuperar el libro, que en su edición anterior quedó perdido entre originales en una oficina de San Telmo. Algo que ahora, con el nuevo en la mano, añoro un poco menos.

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Lo que se olvida también se gana
Alejandro Ferreiro
Mondadori

Cuando arriba a esta historia, a uno le cuesta un poco ubicarse, emparentarse con Sales, el personaje principal, su obsesión por el nailon, su casa, desierta y venida a menos, su vida donde pasa poco y nada, el pueblo desierto. Sin saber mucho cómo, uno se va metiendo en él, descubriendo que más que historia, la historia es Sales, le da forma y nombre al pueblo (yo terminé en un Fray Bentos dentro de muchos años), siente cierta angustia por el tipo, es un poco parte de la novela y de su reiterada pesadilla. Debo confesar que su encanto, el del libro, es lo bien escrito que está. Esa es su magia y gancho principal. No es la historia la que lleva al lector de las narices, es la pluma. Y cuando termina una ve lo rápido que pasó. Por culpa y gracias a eso.

 



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