| No termina nunca Rada |
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| Redacción - Portada | |||
| Viernes, 11 de Abril de 2008 04:05 | |||
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Siga el baile Imponente camisa blanca y pelos negros a rabiar. Rada entra, como quien entra a un lugar donde están los amigos. Rada siempre hace de Rada. No pasa desapercibido, pero nunca se esconde. Se lo ve en bares, boliches, caminando por la calle. Y sí, Rada es todo un personaje. En un ratito, un chileno que estaba por ahí, lo abarca, lo aprieta, le dice que lo vio en Valparaíso y que la mujer lo adora. De unas cuantas esquinas cruzan miradas, y hasta el taxista cuando se lo lleva lo hace como si llevara casi a un dios. ¿Quién no conoce a Rada? Por Laura Federici | Fotografía: Daniel Cheico El negro Rada nació templando las lonjas. Su familia toda proviene de la música y siempre estuvo al abrigo del candombe, en el cual pudo sentir el ritmo del tambor. “El candombe está siempre adentro. Mi vieja tenía una escuela de samba, de baile carioca. Mi madre y mi tía son de Santana do Livramento y allá tocaban candombe. Todos mis tíos, de Morenada, también. El candombe salía desde la casa de mi otro tío, la comparsa Añoranzas negras. En esa casa se vestían, se arreglaban y salían. Yo andaba detrás de ellos con los tambores, los acompañaba, era chiquitito e iba de mascota”. Nos remontamos al año 56, donde Uruguay – todavía muy de espaldas a la cultura afro-, poco sabía de este chiquilín al que su madre vestía y arreglaba porque decía que “negro sí, pero mugriento nunca”.
Porque Rada sabe que el racismo siempre estuvo, y lo siente más que nada por su madre, y por todos los cuentos de esa época, en la cual no la dejaban entrar a la iglesia por ser negra. Ya hace tiempo de “esas porquerías que se meten en la cabeza”, pero lamentablemente siguen existiendo, a espaldas, pero siguen existiendo. “Años después, cuando yo trabajaba en la tele, la telefonista me contaba que muchas viejas llamaban a ver cómo duraba tanto ese programa con un negro. Porque viste, los racistas, igual que los envidiosos, se conocen sólo de espaldas”.
Pero volvamos a la música. Hagamos un panorama musical por más de 40 años de trayectoria, donde Rada nos canta un pedacito de cada canción y queda el aire latiendo por más. Canta con esa voz espectacular de mil registros, con esa forma de levantar el alma de la gente, de arrastrar pueblo, de arrancarle baile y música.
A cantar Y así como todo en la vida, se empieza siempre por amor. A los 17 años el amor es grande. Apasionado, sin duda. “Yo me hice compositor por un fracaso amoroso. A los 17 años. Vi a la piba jugando al dentista con otro pibe. Si, dándose un beso. Me puse horrible, me fui por la calle pateando latas y compuse una canción que se llama ‘Suzy’. Llegué a la casa de Ringo Thielman, que fue bajista de Opa, y él me puso a Ray Charles. Y cuando escuché por primera vez “Georgia On My Mind” me cambió la cabeza”. Trata de hacernos un recorrido rápido y veloz por toda una historia de música uruguaya. Porque Rubén Rada ocupa un lugar privilegiado en nuestra música; ha integrado tres de las bandas más importantes de la historia de la música popular uruguaya de la segunda mitad del siglo pasado: El Kinto, Tótem y Opa. Y resume su primera historia brevemente: “Te cuento así. Salí en Carnaval con Morenada. Estuve con Tito Pastrana, después con Pedro Ferreira, creador del candombe uruguayo, de ahí a La Cubana. Pasé a cantar con los Hot Blowers, que fueron todo un éxito. Por aquella época también se creó Richie Silver, porque para cantar Rock and Roll tenías que tener un nombre en inglés. También fui cantor cómico con el show del mediodía. En el 63 ó 64. Era gracioso, yo siempre trabajé de Rada”.
Tierra prometida Antes de hacer carrera como cantante en Argentina, ya años después, Rada cruzó el charco un par de veces. “Me fui a Buenos Aires con Los Shakers. Fui el primer baterista de esta banda, pero allá dijeron, ah no, en los Beatles no hay negros. Me fui igual de plomo (cargador de fierros) con ellos. Me hacía el africano, que no hablaba español, fue muy divertido. Conocí desde Litto Nebbia hasta Tanguito. Estuve un año con ellos en Argentina, y después volví a Uruguay”. En esos años, en Montevideo sucedía mucho con la música. Grandes genios andaban por ahí, juntándose y adelantándose a su lugar y a su tiempo. “A finales del 64 conozco a Mateo. Ahí armamos El Kinto. Trabajamos en Orfeo Negro, en Carrasco. Nunca grabamos un disco, tocábamos dos ó tres canciones, y después hacíamos playback en televisión”. Siempre fue un hombre buscador de vida y música, sobreviviente. “Me fui a Perú y volví con 1500 dólares, una millonada. Pasé por El Galpón y estaban Horacio Buscaglia y Mateo. Ahí empezó mucha cosa. Ese día fui a caminar por la rambla y volví con “Las Manzanas”. “Si te gusta comer manzana...”. Mateo lo armonizó, y ese mismo día lo tuve que tocar tres veces”. Hablemos de hits, ya que está tan de moda. Porque el negro sabe lo que es mover a la gente, escucharla en la esquina, a la vuelta de tu barrio, y hasta en las hinchadas de fútbol. Imposible de transmitir todos los temas, cantados y conocidos por todos. Canta, porque traer una canción es acercarse a la música entera uruguaya. “¿Cuáles serían mis hits? Y tantos... ‘Las Manzanas’, primero. ‘Guantanamera’, ‘Candombe para Gardel’, ‘Eloísa’, ‘Negra’, ‘Orejas’, del grupo Tótem. Del disco Montevideo, ‘Amado John’... ¡Cómo no van a existir los hits! Uno se mata por tener un hit. A veces uno se equivoca y hace cualquier cosa, como con ‘La Mandanga’, donde no me fue nada bien. Cuando vos te pasás, la gente no se la cree”. “La cosa más linda que me pasó es que todas las hinchas de argentina cantan ‘La Plena’… Eso es bárbaro. Hacer un hit es una suerte. Después vinieron ‘Cha cha - muchacha’, ‘Mi país’, ‘Loco de amor’, ‘Terapia de murga’, tengo un montón de hits también después.”
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| Última actualización el Viernes, 11 de Abril de 2008 04:05 |
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