Le interesa ser fiel a las historias, narrarlas de una manera limpia. Luego de enamorarse del guión, evalúa qué tanto le entusiasma el personaje que le toca, o el director que encabeza el proyecto. Mucho talento sumado a un poco de suerte, dieron como resultado que se convirtiera en el actor más interesante del país vecino, reconocido a nivel mundial
Por Matilde Martí — Publicada en julio de 2011Un cuento chino llenó salas y no debería sorprender: últimamente, Darín está acostumbrado a los éxitos. Despegó con Nueve Reinas y El hijo de la novia y, a partir de allí, su carrera casi no tuvo puntos bajos.
Esta última película tiene una trama sencilla, pero no por eso poco interesante: un chino que no sabe español viaja a Argentina en busca de su “tapo” (tío) y se encuentra con Roberto -personaje que encarna Darín a la perfección-, quien, a pesar de su mal genio y de ser un tipo poco sociable, termina alojándolo en su casa. “Hay quienes ven sólo una comedia divertida, entretenida, bien construida y, según he leído, bien interpretada. Hay otros que logran ver una sátira sobre la intolerancia y el desinterés aparentemente dominantes en el mundo”, reflexiona el protagonista.
Un juego con suerte, más mucho talento
Hijo de actores, empezó su carrera de muy chiquito, como un juego. “Me parece que no dejé de jugar nunca, como hasta ahora”. Pero ese juego se nutrió de otras cosas: preparación, talento, un poco de suerte. “Yo he sido muy afortunado, siempre me han brindado oportunidades. Cuando hablo de suerte, hablo de las oportunidades que se me han dado. Tengo que reconocer y admitir que no es frecuente. Es decir, a la gente no se le otorgan tantas oportunidades. Creo que todos tenemos dones o capacidades, en algunos casos ocultas, en otros casos evidentes. En igualdad de posibilidades originales -cosa que no ocurre porque el mundo es bastante mezquino-, creo que todos podrían tener la oportunidad de desarrollar distintos talentos o posibilidades”.
“Esto no significa que yo no tuve nada que ver”, aclara. “No pretendo hacer una declaración de falsa modestia. He tratado de estar a la altura de las circunstancias y me he preparado, he trabajado durísimo durante muchísimo tiempo; pero mucha otra gente también lo hace y no con tanta fortuna”.
En este contexto, le quita peso al Oscar recibido por la película que protagonizó en 2009, El secreto de sus ojos, dirigida por Juan José Campanella. “Pudo influir en el afuera, en la consideración de los demás. Sabemos que es un premio de gran renombre y la dimensión que se le otorga, en algunos casos exagerada, hace suponer que el destinatario tiene que modificar algo, o que su vida va a cambiar. Pero no es mi caso”.
Pequeños cuentos
Ya alejado de la televisión, recuerda que es “otra estructura de trabajo”, de donde ni siquiera recibe propuestas que lo entusiasmen. El teatro sí lo apasiona: “son otros tiempos, tenés la posibilidad de trabajar de otra manera, con un poco más de enfoque, con un tiempo más organizado, y a mí me viene muy bien esa metodología”. Ricardo Darín participó en más de 35 películas, en una veintena de telenovelas y en una docena de obras de teatro.
Repite que su único interés es llevar al espectador, “de la forma más limpia posible”, la historia que leyó, esa que lo motivó a aceptar el proyecto. De hecho, cuenta que su primer foco está en la historia, y no en el director o en el papel que le tocará interpretar: “Se trata de contar cuentos”, resume.
“Yo he vivido circunstancias donde he sido feliz trabajando para cine, generalmente en esas historias que conocés de principio a fin y en esos personajes que te los podés calzar como un guante a medida, eso lo hace fluir con mayor libertad y con mayor alegría. Cuando un personaje es muy complicado y trabajoso, y está lleno de obstáculos, es difícil encontrar placer. Pero, por otra parte, es lo que tenemos que hacer: resolver el obstáculo”, reflexiona. “El hijo de la novia, Nueve reinas, El secreto de sus ojos y, me parece, Un cuento chino, son cuatro ejemplos de películas en las que yo sentí, paso a paso, que estaba pisando las huellas del personaje, o generándolas. Y eso te da una sensación de bienestar”.
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