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Una chica Pop

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No. No es una historia maravillosa. Su infancia no dista de la de tantas niñas uruguayas de los ochenta que miraban dibujos, series y telenovelas, y no paraban de bailar y cantar frente a los espejos. Cristal, El Súper Agente F86, Alf, Xuxa, Los Parchís o Menudo eran su escenario. “Me recuerdo sentada en el sofá comiendo galletitas en casa, en las tardes. Me veía todas las telenovelas”, dice entusiasmada Natalia Oreiro. Lo demás es historia conocida. De Montevideo a Buenos Aires, de comerciales a telenovelas, de la actuación al canto y viceversa; de una vida normal a otra un tanto particular. “Tuve suerte”, resume. Pero sabemos que la suerte no cae, se precipita
Por Laura Federici — Publicado en julio de 2010

“Uno tiene que accionar. Eso es cierto”, reconoce alguien a quien nunca le faltó ejercer movimiento sobre los hechos. Desinhibida, bella y audaz, saltó a Buenos Aires a vivir sola y ampliar horizontes con apenas 16, no sin antes haber hecho unos cuantos “reclames” nacionales. Quien no recuerda el short blanco y el tampón; cuando muchos apenas se animaban a nombrarlo, la Oreiro recibía la “mirada” de toda la pantalla de un país.

Actuó, cantó, bailó y se endiosó en cada una de las formas con las que se le antojó probar, con las críticas con las que le tocó lidiar. Porque prefiere hacer y seguir haciendo que pararse. “No me detengo a ver qué es lo que el otro ve que yo hago. Yo hago. De todas formas, siempre he sido bien tratada tanto aquí como en Argentina”. Porque la Oreiro parece ir así, siempre de frente. Guste o disguste, ella puede y tiene más de lo que muchos carecen: popularidad, talento y carisma.

Hoy, ya reina consagrada de pantallas y telenovelas que han recorrido -literalmente- el mundo, esta joven mujer se embarca en un proyecto nacional con perfil internacional. Una película que parece ser “el primer musical de Latinoamérica”.

Está dispuesta, impecable y sonriente, como si lo que a todos los terrestres nos agota, a ella la alimenta: hablar. “Mirá que no soy siempre así, tengo mis momentos. Me gusta mucho la naturaleza. Es un cable a tierra importante”, dice lejos de sus veinte centímetros de taco apoyados a un lado, que la distancian definitivamente del suelo.

Su energía da, en vez de consumir. “A mí me gusta lo que hago, no me molesta la repercusión de mi trabajo. Siempre que salgo de mi casa hay gente en la puerta, yo charlo con todos y si no puedo se los digo. Es re lindo hacer algo y que a la gente le guste. Si no te gustan las repercusiones, no hagas lo que hacés”. Se nota que lo disfruta, lo comparte, lo ilumina.

Natalia Oreiro es naturalmente inquieta y curiosa, divertida y audaz: dícese una chica pop. “Siempre fui así, muy pop. Pop para la vida. Siempre me gustaron mucho los colores; todo lo relacionado con el color y con lo lúdico. Lo reconozco hasta en mi manera de hablar, todo me parece divertido”.

Un mundo repleto de íconos y figuras como Marilyn Monroe, Betty Page o Alf pueblan su estética, mientras se acomoda el rush con un espejito de Hello Kitty. “Eso es pop. Ser divertido y audaz. Me reconozco en eso”, aclara.

Hay varias similitudes entre la niña personaje y la niña Natalia. “Me veía todas las telenovelas y muchísimas series. Cristal, por supuesto. Pero no sólo esa: Nido de serpientes, Rosa Salvaje, Selva de Cemento, así como tantas otras...”. Jugaba a ser en un mundo repletos de figuritas, pegotines, servilletas y colecciones rescatadas en diarios íntimos. Natalia no supo demasiado del fracaso. “Podría haberme pasado como al personaje, llegar y que me fuera re mal. Pero no. Por eso digo que tuve suerte”.

Se radicó en Buenos Aires, no por huir de ninguna parte, sino por ampliar expectativas. En Argentina, su carrera se desplegó y creció con los años. Muñeca Brava o Sos mi vida son algunos de los éxitos internacionales, al igual que muchos discos que grabó. Dice que la clave reside en la capacidad de sorprenderse, y trata de ponerla en práctica con cada proyecto que emprende: “Yo siempre trato de no perder la capacidad de asombro, y en la actuación uno trabaja con eso, más allá que se es mejor actor con los años. Es disfrazarse y jugar a ser otro. Ahora me pagan por hacerlo, pero es lo mismo”, dice Natalia.

Recargada

En 2011 Natalia se vio por pantalla grande, compartiendo el protagonismo con el uruguayo Daniel Hendler, en la película Mi primera boda. También hizo ficción para televisión en “Amanda O”, producida por Dori Media. En julio anunció su primer embarazo junto a su pareja Ricardo Mollo, con quien lleva 10 años de casada. Espera un varón.

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