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El talento y sus ricas miserias

Medio siglo atrás, más precisamente en junio de 1967, los primeros ocho mil ejemplares de la novela Cien años de soledad, impresos por Editorial Sudamericana, salían a la venta en las librerías de Buenos Aires, llegándose a agotar tan sólo en tres semanas. Medio siglo atrás, cuando el hombre aún no había pisado la Luna, un escritor colombiano invitaba a caminar por una ciudad ruidosa con casas de paredes de espejo cuyo nombre era Macondo. Ahora, medio siglo después de entrar en la historia de la familia Buendía a través de siete generaciones, cabe recordar la vida de Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura 1982, un creador de inmenso talento e imaginación que, sin embargo, tuvo muchos rincones sombríos.

Por Daniel Viglione

Sin lugar a dudas Gabriel García Márquez es un hombre que no necesita presentación. Su nombre, desde hace más de 60 años es sinónimo de buena literatura, convirtiéndolo en uno de los escritores más populares y aplaudidos del mundo, con títulos que se han convertido ya en clásicos de la narrativa universal, como por ejemplo, El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca, Crónica de una muerte anunciada y El amor en los tiempos del cólera, entre muchos otros. Sin embargo, en el mes en el que se recuerdan los 50 años de la publicación de la novela Cien años de soledad y el año en el que se celebró el 90° aniversario de su nacimiento —sucedido el 6 de marzo de 1927—, cabe recordar la vida de este talentoso escritor y periodista, cuya vocación, disciplina y amor al oficio lo transformaron en uno de los gigantes de la literatura de todos los tiempos.

Si bien no fueron pocos los que escribieron acerca de la vida y obra de Gabo, de hecho hay títulos y autores muy variados que repararon en su figura, como Mario Vargas Llosa con García Márquez: historia de un deicidio (1971), Óscar Collazos con García Márquez: la soledad y la gloria (1983), Juan Luis Cebrián con Retrato de Gabriel García Márquez (1989), Plinio Apuleyo Mendoza con El olor de la guayaba (1994) y Dasso Saldívar con García Márquez: el viaje a la semilla. La biografía (1997), fue el trabajo del catedrático británico Gerald Martin, Gabriel García Márquez. Una vida, el que más se aproximó a las ricas miserias del talento del escritor colombiano.

Martin, nacido en Londres en 1944, invirtió 19 años en investigar y escribir la primera biografía autorizada o al menos tolerada por el narrador colombiano, un libro cuya primera versión tenía más de tres mil páginas y que Editorial Debate condensó en 760, publicando el libro en 2009 y reuniendo allí más de 500 entrevistas que el británico realizó a amigos y familiares del escritor.

Según el autor de Una vida, la potencia y la seducción para que la solitaria imaginación de Gabo creara una inmensa saga de leyendas, mitos y relatos está en la infancia del colombiano, pero también en su iniciación sexual y, fundamentalmente, en el periodismo. Para Martin, el descubrimiento de Europa y el hambre, su salto a la fama y sus amistades y roces con los más controvertidos personajes del mundo de la política son claves para entender a este raro genio de la cultura latinoamericana, creador de todo un universo imaginario que otras culturas construyen con siglos de paciencia.

Martin, que fue llamado por la familia de García Márquez como “el tío Yeral”, pasó casi dos décadas trabajando en este libro, un texto que él mismo define “no como una biografía autorizada sino tolerada”, a la que Gabo dio el visto bueno no sin señalarle al biógrafo que algunos de los pasajes o interpretaciones de Una vida no le gustaban.

Más allá de la admiración que en cada página se percibe, “el tío Yeral” no renunció en sacar los trapitos al sol y mostrar algunos rincones sombríos del colombiano, detallando las ostentaciones de celebridad que tuvo en su vida García Márquez, quien pasó de ser un hombre nacido “en medio de ninguna parte, en un pueblo de menos de diez mil habitantes, la mayoría analfabetos, de calles sin asfaltar, carente de alcantarillado y cuyo nombre, Aracataca, hace reír la primera vez que lo oyes”, a un hombre que vivió en “la abundancia, con siete residencias en lugares elegantes de cinco países distintos”, y que en las últimas décadas llegó a tomarse la libertad de “pedir cincuenta mil dólares por una entrevista de media hora”.

Según la tesis de Martin, todo el genio de Gabo radica —como se señaló antes— en los años de su infancia, la cual el escritor vivió de la mano de su abuelo el coronel Nicolás Márquez, dado que no había cumplido un año de vida cuando su madre lo dejó con él y no fue hasta los 7 años de edad que volvió a buscarlo. Este personaje, el abuelo de García Márquez, que peleó una guerra que perdió —en la que incluso combatieron contra él dos de sus hijos ilegítimos—, que se casó con su prima hermana y que llegó a matar al hijo de su amante, cuyo oficio era la orfebrería y cuya muerte se produjo al intentar bajar un loro de un árbol del patio de su casa, fue central en la vida del autor de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. El coronel se convirtió en el cordón umbilical con la historia y la realidad, dos de los prismas fundamentales para que Gabo creara después el interminable arco iris literario que se conoce como realismo mágico, un estilo que marcaría el rumbo de la narrativa en Colombia.

Luego de la muerte del abuelo, la otra figura central en la vida de Gabo fue su padre, Gabriel Eligio García, un hombre acusado dos veces de violación, quien se olvidaba de darle de comer a su hijo —a los 11 años de edad Gabo fue un niño enfermizo y desnutrido—, que planeó su iniciación sexual con una prostituta —algo que García Márquez recordaría como lo más horrible que le pasó en toda su vida— y que en una oportunidad quiso perforarle la cabeza “en el lugar donde se ubican la conciencia y la memoria” para encaminarlo en su vida, dado que en su adolescencia García Márquez ya mostraba su genio atormentado. Ese joven, cuyo don para inventar historias no fue el mismo que para la ortografía, es quien más tarde se convierte en un periodista estrella, escribiendo inicialmente para el diario El Universal de Cartagena, más tarde para El Heraldo de Barranquilla y finalmente, en 1954, por petición de Álvaro Mutis, ingresa en El Espectador como reportero y crítico de cine. Entre 1955 y 1957, García Márquez viaja a Europa como corresponsal y allí pierde su trabajo, conociendo el hambre y llegando a pedir limosna, hasta que en 1960, tras el triunfo de la revolución cubana, fue a La Habana y trabajó para Prensa Latina, la agencia creada por el gobierno de Fidel Castro, con quien el autor de De viaje por los países socialistas trabó una amistad que perduró hasta su muerte, ocurrida en Ciudad de México el 17 de abril de 2014.

En el punto anterior Martin muestra que la más notoria debilidad de Gabo fue su atracción por quienes detentan el poder político en el mundo, lo que le granjeó detractores que supieron aprovecharse de la única grieta de su imponente personalidad: su fidelidad a Castro y su condescendencia con muchos otros líderes poderosos como François Mitterrand, Felipe González y Bill Clinton, entre otros. Según el biógrafo, la coherencia política de García Márquez era notable, ya que para él “solo hay dos sopas en el menú: el socialismo y el capitalismo y siempre prefiere el socialismo”.

De este modo, desmitificando los aspectos más controvertidos de la personalidad de García Márquez y dejando en claro que su vida es tan extraordinaria como sus novelas —en las que según el británico Gabo ha hecho sus confesiones más íntimas—, Martin logra que la vida del autor de Memoria de mis putas tristes, un hombre mágico, tropical, fabulador, diligente, tenaz y divertido, palpite en cada una de las páginas, en las que además palpita la historia de América Latina y sus ricas miserias.

Bibliografía destacada de Gabo

Ojos de perro azul (1950)

La hojarasca (1955)

Relato de un náufrago (1955)

El coronel no tiene quien le escriba (1961)

Cien años de soledad (1967)

El otoño del patriarca (1975)

Crónica de una muerte anunciada (1981)

El amor en los tiempos del cólera (1985)

Doce cuentos peregrinos (1992)

Del amor y otros demonios (1994)

Noticia de un secuestro (1996)

Vivir para contarla (2002)

Memoria de mis putas tristes (2004)

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