miércoles, diciembre 13, 2017
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Eterno Tortoni

“Se me hace que el palco llovizna recuerdos,
que allá en la Avenida se asoman, tal vez,
bohemios de antaño y que están volviendo
aquellos baluartes del viejo Café.
Tortoni de ahora, te habita aquel tiempo.
Historia que vive en tu muda pared.
Y un eco cercano de voces que fueron
se acoda en las mesas, cordial habitué”.
Fragmento de Viejo Tortoni de Eladia Blázquez

Por Cecilia García

Ubicado en la Avenida de Mayo al 800, el Café Tortoni es el punto más porteño de Buenos Aires. Templo de la bohemia propia de una ciudad portuaria cosmopolita, fue refugio de grandes exponentes del arrabal rioplatense como Carlos Gardel, Alfonsina Storni y Jorge Luis Borges. Hoy con casi 160 años de historia, es testimonio vivo de los años dorados del tango y la literatura. Una cita ineludible. Un punto de encuentro para mucho más que un café.

Con las paredes llenas de recuerdos de visitantes de todas las épocas, este café es el más antiguo de Buenos Aires. Inspirándose en un café parisino de la alta sociedad, fue inaugurado en 1858 por un francés de apellido Touan. Luego de medio siglo, fue adquirido por otro francés, Celestino Curutchet, quien fue personaje crucial para el desarrollo cultural del lugar. Muchos de los visitantes en aquellas épocas eran artistas, escritores, periodistas y músicos que formaban parte de la Agrupación de Gente de Artes y Letras, liderados por el pintor argentino Benito Quinquela Martín.

Al entrar se experimenta un viaje en el tiempo. En el ambiente predomina la calidez de la madera. Las mesitas de mármol son rodeadas de confortables sillas de roble y cuero donde eventualmente se disputan largas partidas de juegos de cartas, dados o dominó. Las mamparas con vitrales, las lámparas de estilo Art Nouveau y una luz difusa aunque sea pleno día, crean una atmósfera íntima y melancólica dulcemente musicalizada por el sonido de las cucharas que golpean los pocillos de café.

El toque final son los cientos de pequeños recuerdos en fotos, cartas, libros, adornos y placas que se exhiben en vitrinas y paredes a lo largo y el ancho del local. Es que por allí pasaron grandes figuras internacionales, desde políticos y diplomáticos de varias épocas, hasta figuras del arte y la ciencia como Federico García Lorca, Albert Einstein, Joan Manuel Serrat, Julio Cortázar, Mario Benedetti, una muy joven Hillary Clinton o el ex Rey de España Juan Carlos de Borbón.

Uno de sus grandes parroquianos fue el mismísimo Carlos Gardel. Solía ocupar una mesa junto a la puerta trasera por la calle Rivadavia, donde podía reunirse con amigos sin ser abordado por sus admiradores. Hoy “El Zorzal” está inmortalizado en una estatua junto a Borges y Storni.

Una pausa obligada

El salón tiene capacidad para recibir cientos de comensales, y en especies de apartados se encuentran diferentes salas, como la “Alfonsina Storni” donde se llevan a cabo conciertos o se imparten clases de tango y milonga sobre un pequeño escenario de madera donde se luce un piano. En otra sala, la “Eladia Blázquez” antiguamente se encontraban los billares, pero hoy funciona como salón de servicio o eventos privados. En el subsuelo todavía se encuentra “La Bodega”, en donde se realizan shows musicales de jazz y tango.

En otra pequeña sala funcionaba una peluquería. Allí, como sucedía en muchos cafetines bonaerenses y montevideanos, los hombres se cortaban el pelo y la barba, y tomaban un café mientras se ponían al día con las noticias. Llamada “Cesar Tiempo”, hoy conserva los espejos y los sillones de la época, y guarda centenares de libros sobre la historia de Buenos Aires.

En manos de una familia argentina, el café trata de conservar la esencia de aquellos años dorados, empezando por el paladar. Sin demasiadas pretensiones culinarias, la carta ofrece un espectro delicioso de la cocina tradicional de los bares porteños: picadas, pizza, tostados, ensaladas, y platos elaborados pero clásicos como el argentinísimo bife de chorizo y la suprema de pollo grillada. Para beber hay variedad de licores, sidras, vinos y cervezas. Para el desayuno o la merienda, el menú ofrece diferentes tipos de café, té, jugos y licuados que pueden ser acompañados por gustosas tortas, medialunas, budines, sándwiches o las clásicas tostadas con manteca y dulce.

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