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Fuertes y gloriosos

A lo largo del siglo XVIII, partes de la zona este de la Banda Oriental (actual departamento de Rocha), pertenecieron de forma intermitente a los reinos de España y Portugal. El centro del conflicto radicó en el espíritu expansionista portugués sobre el Río de la Plata. Dicho afán se vio alimentado constantemente con cálculos geográficos, muchas veces caprichosos, y otras veces, apoyados por el poder papal. Hoy, tres siglos después, aún son visibles y palpables algunos edificios que testimonian el conflicto entre ambos imperios coloniales.

Por Carolina Lazo

Desde la fundación de Colonia del Sacramento en 1680 por los portugueses, las incursiones de éstos más allá de los límites acordados se fueron repitiendo a pesar de lo dispuesto en diversos tratados. Para contrarrestar esta política, llega desde Buenos Aires en 1723 a las costas del actual departamento de Montevideo, Bruno Mauricio de Zabala, quien es encomendado a establecer un fuerte militar que se transformará con el correr del tiempo en la Ciudad de San Felipe y Santiago.

Posteriormente, la Corona portuguesa, a lo largo del siglo XVIII procurará con éxito extender sus límites (Tratado de Madrid, 1750 y Tratado de El Pardo, 1761). En paralelo con su labor diplomática, los lusitanos marcarán presencia incrementando la población hacia la frontera. Estos pobladores procedían en su gran mayoría de las Islas Azores, persuadidos a cruzar el océano con promesas que nunca fueron cumplidas. Los isleños arribaron principalmente en la zona que hoy ocupa la ciudad de Florianópolis para avanzar después hacia el sur en número de miles. Sus vidas representaron para la Corona portuguesa, piezas de ajedrez en un tablero que ocupaba dos imperios y cuyos jugadores se encontraban del otro lado del Atlántico. De esa época, y aún en pie se observan dos testigos protagónicos de la lucha entre las dos coronas: el Fuerte de San Miguel y la Fortaleza de Santa Teresa.

Fuerte San Miguel – Ruta 19, km 8

El primero de ellos surge en 1734, cuando los españoles establecieron en ella una sencilla fortificación, que tres años más tarde fue ocupada por los portugueses, que a su vez construyeron en el lugar un punto de observación y control de los movimientos del ejército español, que lo reconquistó en 1763. En este avance castellano, el ejército portugués, al verse derrotado, deja tras de sí a muchas familias de esos azorianos venidos desde la mitad del océano; con ellos, las autoridades españolas erigen un pueblo, cercano a la ya existente ciudad de San Fernando de Maldonado. Dicho pueblo recibirá el nombre de San Carlos. Muchos personajes de nuestra historia como el hacendado y político Carlos Reyles, o el Presidente Francisco Antonino Vidal, llevarán la sangre de esos isleños.

En 1777 con el Tratado de San Ildefonso, finalmente el fuerte quedó en manos españolas. Luego de la creación del Estado Oriental, fue desactivado, quedando abandonado y en poder de la naturaleza.

Fortaleza de Santa Teresa – Ruta 9 km 302

Un año antes, los lusitanos a instancias del Gobernador de Río de Janeiro, Gómez Freire de Andrade (devoto de Santa Teresa), previniendo un posible conflicto con su vecino, iniciaron las obras de una fortificación. Dichos trabajos se vieron interrumpidos por el avance del Gobernador de Buenos Aires, Pedro de Ceballos, quien ocupará entonces ambos emplazamientos. Serán los españoles entonces, quienes ocupen y finalicen las obras, pero con cambios en el plano original portugués; pues ahora la orientación apuntaría a territorio lusitano. La reforma definitiva comienza en 1765 y es la que actualmente podemos observar. Se utilizó piedra y granito del lugar, y mano de obra de indios misioneros provenientes del norte, hábiles talladores de piedra, conocimiento que los soldados criollos no poseían. A fines de siglo, en 1796, allí se establecerá el Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Montevideo, creado para frenar las incursiones portuguesas en la región.

Durante la Revolución Oriental, ambos recintos fueron utilizados por el ejército artiguista para controlar la frontera. Al invadir los portugueses la Provincia Oriental, estos volverán a su dominio.

En 1825, en plena lucha contra el Imperio del Brasil, el Coronel Leonardo Olivera recuperará la estratégica Fortaleza de Santa teresa, haciéndose con prisioneros y con un importante arsenal de guerra. Conformado el Estado Oriental, ambos lugares pasarán a ser propiedad de la naciente república, funcionando como simples puestos de vigilancia.

Refugio de tropas del General Manuel Oribe durante la Guerra Grande y luego presidio ocasional, hacia fines del siglo XIX, ambas construcciones estarán deshabitadas, y serán invadidas por la naturaleza, además de ser saqueadas.

Importancia estratégica

La importancia de estas construcciones fue la de consolidar una línea defensiva de vigilancia, complementándose una a la otra. De esa forma, el ejército que poseyera una, o ambas, lograba un control efectivo sobre “el Desfiladero de la Angostura”, un paso de tropas españolas hacia el este, o para los portugueses, hacia el sur; y viceversa. La importancia de este paso radica en las dificultades con las que en ese momento debían enfrentarse las tropas; pues al ser una zona de bañados, de no ser por el desfiladero, se debía sortear varias lagunas; lo que implicaba un alto costo, en tiempo y en recursos, y muchas veces en vidas humanas.

El rescate: Horacio Arredondo

A inicios de la década de 1920 el joven Arredondo descubre estos dos baluartes sepultados por el monte y las dunas y realiza un proyecto para el rescate y conservación que será presentado al Presidente de la República, Dr. Baltasar Brum, quien apoyará la iniciativa. A lo largo de casi dos décadas, Arredondo se dedicará personalmente y con el apoyo de diferentes gobiernos y el Ejército a limpiar y rehabilitar estas edificaciones con el objetivo de que pasen a ser consideradas Patrimonio Histórico. Este es el inicio de una tarea que se extenderá a otros edificios coloniales, como la Fortaleza del Cerro y la Posta del Chuy.

El fuerte y la fortaleza hoy

Desde los años 1940 ambos edificios están bajo control y gestión del Ejército Nacional, sumergidos en importantes parques con cuidada vegetación, cuentan con museos donde se destaca la presencia histórica de ambos reinos y las formas de vida militar a través de objetos como uniformes y enseres cotidianos.

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