miércoles, diciembre 13, 2017
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“Argentum”: Misterio frente al mar

Inaugurado el 24 de diciembre de 1930, el Argentino Hotel de Piriapolis fue el último sueño del visionario empresario don Francisco Piria. Concebido para hospedar a 1.200 pasajeros supo ser uno de los hoteles más importantes de América del Sur. Con sus 87 años de antigüedad este anciano de piedra aún guarda la elegancia y el misterio que le imprimiera su misterioso fundador.

Por Norma Ricardi – Fotos: Florencia Pagani

Como una imponente mole, ubicada a la entrada de Piriápolis, se levanta de cara al mar el enigmático “Argentino Hotel”, la última obra del empresario don Francisco Piria.

Hombre de amplios horizontes, con fama de alquimista y mente práctica y desarrollada para la época, supo ver entre las dunas de arena de un despoblado lugar el futuro de una prominente ciudad.

Pero don Francisco Piria no buscó solamente la prosperidad y lujo de un rico balneario, salta a la vista del observador un legado de enigmas, mitología, alquimia y misterio que quedaron plasmados como sello propio en cada una de sus obras. El “Argentino Hotel” de Piriápolis es una muestra clara de ese camino.

Originariamente separado del mundo por un enorme muro, del que hoy solo queda una pequeña parte en pie, y siguiendo el esquema de los antiguos templos que eran construidos respetando los movimientos aparentes del Dios Sol alrededor del orbe terrestre, este lugar es testigo fiel en su estructura, de la salida, la puesta, los solsticios y equinoccio, permitiendo ver y admirar la cuidada obra de su constructor.

En la fría madrugada invernal del solsticio de invierno, desde la parte posterior del hotel, el madrugador observador podrá apreciar como el Astro Rey sube por el bello vitreaux del hall principal y se va trasladando piso a piso por las fuentes de agua de los amplios ventanales recorriendo así un trayecto multicolor hasta la cima del edificio, para luego coronar la estructura con la potente luz del medio día, y si la paciencia se lo permite lo verá descender por la fachada principal para irse a posarse en las frías aguas del mar y desaparecer una vez mas.

El edificio está custodiado por imponentes grifos, seres mitológicos guardianes de los templos formados por varias partes de diferentes bestias, que guardan las escaleras que separan al hotel de la rambla de los argentinos y que conducen al misterio de los amplios jardines donde el observador paciente podrá encontrarse con el saber de los grandes vasos y de las blancas estatuas que anuncian el misterio visible y sin embargo oculto a los ojos de la mayoría de los turistas y curiosos que pasan por allí.

Cada una de estas estatuas, menos la última, lamentablemente hoy desaparecida, muestran las diferentes etapas y las diferentes vías por las que debe pasar la materia filosófica del alquimista y así evitar perderse en el laberinto.

Dejando atrás los jardines y subiendo por las escaleras de la entrada principal nos encontramos con el nombre que don Francisco Piria eligió para su última obra “Argentino Hotel”. Este nombre en apariencia común y asociado con el país vecino y como estrategia publicitaria para los ricos veraneantes de aquella época, pasa desapercibido para casi todo el mundo; pero el “Argentino” guarda dentro de su nombre quizás el más importante de los misterios.

Así como el simple lector al observar el nombre de un cuento puede intuir de que se trata la obra, el nombre de una construcción tan rica en símbolos y detalles debía estar anunciando las intensiones de su constructor.

Es así que surgen dos grandes preguntas que se revelarían días después al ver y estudiar el total del edificio. Porque don Francisco Piria nombró a su última construcción “Argentino”? Porqué “Argentino Hotel” y no “Hotel Argentino”, que sería lo lógico? La respuesta es tan obvia que permanecería oculta a simple vista, ya que su obra fue y es mucho más que un hotel, una obra dedicada al saber alquímico.

Si analizamos varias coincidencias que existen en su construcción como los símbolos, estatuas, movimientos solares, números que se repiten en sus escalinatas como el 7 y el 33, habitaciones que no existen, números salteados en todos los pisos, entre tantos secretos que vamos descubriendo, nos encontramos que don Francisco Piria quiso dejar en el “Argentino Hotel” las pistas de una obra hecha por un alquimista, un libro de piedra que contara, a simple vista y sin embargo sin ser percibido, como el aspirante a los misterios podría llevar a cabo el Arte Real de la Alquimia solo estudiando y observando la estructura.

Analizando las piezas del puzzle que representa cada una de las pistas dejadas como migas de pan en el hotel por don Francisco develamos el motivo del nombre que le puso a tan magna mole.

Su estructura en forma de “H” nos habla entre otras tantas cosas de las columnas del árbol de la vida, del dios Hermes de los alquimistas, el mercurio alado, el alma espiritualizada luego de un arduo trabajo, también llamado en el simbolismo alquímico el Hidrargirio, El Albedo, las aguas sutiles, el mar filosófico, la Virgen blanca, la plata pura o el “Argentum”.

Las estatuas femeninas de sus jardines nos relatan las diferentes etapas que vive la materia cuando es mortificada en el agua filosófica del alquimista, así como la mirada del Hotel hacia el mar nos da cuenta que la obra está dedicada al ánima del alquimista, a las aguas, la Virgen blanca que espera a su consorte en cada equinoccio y solsticio, para ser cortejada y desposada por el imponente Rey Sol. La paciente y blanca Reina de Plata o de Argentum.

Como el Argentum vivo de los alquimistas guarda dentro de si el misterio y el laberinto, todo aquel que se haya hospedado en el hotel descubrirá que los pisos están cambiados, y que es muy sencillo perderse, basta con ver los rostros sorprendidos del disperso turista que descubre que el piso al que lo llevó el ascensor nunca es el piso que marca su llave. La intención de Piria era que el visitante se perdiera, porque es gracias a eso que uno despierta del automatismo que mantiene dormido, se activa la conciencia de si y del lugar en el que se está, y se piensa. “El Argentino Hotel” es un lugar hecho para buscar, perderse, detenerse, pensar, encontrar y encontrarse. Tan enorme y transformador como eso.

Es así que este hotel, tan enigmático y único, fue la última obra de don Francisco Piria, ese gran visionario que dejó para la posteridad lo que cada uno necesite encontrar: para los turistas el “Argentino Hotel” será un bello lugar para descansar en sus antiguas instalaciones y su moderno Spa de agua de mar, para los curiosos algo para sorprenderse y descubrir; para el sincero aspirante a los misterios el encuentro con una obra alquímica que mientras devela, se devela a si mismo.

En las noches del solsticio de verano cuando el sol baje en la lámpara de la penúltima estatua, hoy la última, si se escucha con buen oído, se oirá el susurro del mar desde el jardín y las voces marinas hablarán de los misterios de otras épocas que han quedado cautivas entre las estatuas, los símbolos, lo sagrado y las gruesas paredes de esta enigmática e imponente estructura.

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