sábado, octubre 21, 2017
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Maravillosa

Rio no miente. No esconde sus dos caras. Basta con ir mirando por la ventana en el recorrido del aeropuerto a cualquiera de las zonas donde se alojan la mayoría de los visitantes, en las zonas sur y este de la ciudad, para ver las dos caras de la ciudad maravillosa. Las casas de bloques siempre, con nuevos pisos encima en construcción y antenas de tv satelital como principal seña de identidad, de un lado. El imponente y hermoso puente de Niteroi del otro. Bemvindos a Rio.

Por Gonzalo Delgado

La playa es el primer gran atractivo de Río. Su presencia domina el alma y la geografía sur de la ciudad y si uno se mueve hacia el oeste, van aumentando en exclusividad. La más famosa, masiva y popular es Copacabana. Allí se encuentra la mayoría de los hoteles de la ciudad, por lo tanto, la mayoría de los turistas. Pero también es a la que van la mayoría de los cariocas. Y también la que hay que estar más atento a mochilas, celulares y billeteras. Recomendación: evitarla feriados y domingos, cuando —literalmente- se ubica una sombrilla al lado de la otra.

Pegando la curva del fuerte de Copacabana comienzan Ipanema y Leblon. Pegadas una a la otra, más chicas pero con menos gente y más tranquilas que Copacabana, son más recomendables para quien va en familia con niños. Y más lejos, y maaaaas exclusiva, está Barra de Tijuca. En cualquier de ellas, es fija tomarse una capiririnha de alguna Barraca (chiringos) de la playa, o una cerveza helada. También allí venden jugos de frutas. Son las mismas que alquilan sombrillas y sillas para los visitantes. Recomendación: nunca acepten el primer precio, siempre negocien a la baja, o por cantidad.

Hablando de playas, el mejor atardecer de Río está en Arpoador, una piedra que sobresale donde Copacacaba e Ipanema se juntan, y a la que se puede acceder desde esta última o desde el parque Garota de Ipanema.

Futebol no se aprende na scola

Es sábado de mañana. Las calles de cualquier barrio, los ómnibus, los supermercados, los taxi, casi todo está dominado por el rojo y negro. A las cinco de la tarde juega Flamengo en Maracaná y la ciudad lo respira. Encima, ante otro rival carioca: Botafogo. Aunque el sábado es imposible no darse cuenta, para saber que juega Flamengo basta pasar por Maracaná la semana previa, las colas para conseguir entradas alcanzan los cientos de metros. Horas al rayo del sol, con cuerpos brillando bajo la transpiración, a los empujones. Todo sea por ver a “Mengo”.

Río es muy futbolero. Detrás de Flamengo, el más popular por destrozo, están otros tres equipos masivos. El segundo, muy despegado de los otros dos, es Vasco da Gama. Incluso hoy, en segunda división y peleando por ascender, es sumamente popular. Ir a su cancha, el Sao Janoario, es una experiencia muy diferente a ir a Maracaná, y muy recomendable. Es un estadio chico y antiguo, a la inglesa, es decir una tribuna principal, muy cargada de decoración y tres a su alrededor. Una “cajita de zapatos”, donde los cantos de la hinchada encuentran una preciosa acústica. El Estadio está rodeado de “botecos” (bares), donde la gente hace la previa bebiendo cervezas y picando algo. Toda una experiencia. Recomendación: ir liviano de ropas y ornamentas y sin nada ostentoso ni mucho dinero. Otra: no adentrarse dentro del barrio, no es para cualquiera…

Comer y ser feliz

Los festivales gastronómicos se han extendido por todo Sudamérica. Mistura en Lima, Masticar en Buenos Aires y un incipiente De Gusto en Montevideo, entre otros. Río no podía ser la excepción. Desde 2010, Rio Gastronomía se instaló en la capital carioca y aunque lejos todavía del tamaño de Mistura o Masticar, no para de crecer. Tanto, que originalmente se hacía en el Jockey Club, pero a partir de este año se llevó al Port Mauá, unos enormes galpones reciclados para eventos en la zona del puerto. Allí se puede encontrar desde un sándwich de pato hasta una caipirinha de frutilla y jengibre. Desde comida bahiana, hasta carioca o portuguesa. Porciones pequeñas, para probar un poco de todo.

Más allá de Rio Gastronomia, la ciudad ofrece una buena gama de oferta gastronómica, desde restaurantes muy caros hasta lancherias donde por cuatro o cinco dólares se puede almorzar.

Impostergable: los jugos de fruta natural de las juguerías que abundan en la ciudad. Maracuyá, mango, acai… y ainda mais. Los otros: los pasteles (empanadas) de camarón o de comarón y catupirí (un queso cremoso y fundido). Para chuparse los dedos.

Río desde arriba

Hay dos paseos impostergables que permiten ver Río desde arriba: el Cristo redentor y el Pao de Azucar. El primero, tiene una visión más alta y panorámica de la ciudad. Desde allí se ve desde Maracaná hasta los morros, pasando por las playas, un enorme cementerio y el Jardim Botanico. Tiene varios atractivos adicionales, el propio Cristo, imponente, y la posibilidad de encadenar la visita al cerro Corcovado con los barrios de Santa Teresa y Lapa.

Pao de Azucar tiene la vista desde un punto un poco más bajo y desde una “esquina” de la ciudad, pero es muy recomendable. Tiene como atractivos agregados, más allá de la vista, su telesférico, que es una buena oportunidad para anexar la visita a la bahía de Guanabara.

Pero el pique, la sellada, para una buena vista de la ciudad, está en Vidigal, una “pequeña” favela ubicada entre Leblon y la Rocinha, de la que se puede ver toda la zona sur de la ciudad. Se llega hasta ella en cualquier transporte y se sube en moto taxi. Tiene varias ventajas, la principal: es segura, por lo que se puede ir solo sin necesidad de excursión. Eso sí, es recomendable contratar a alguno de los guías locales que debidamente identificados se encuentran a la entrada. Incluso se puede comer en alguno de los restaurantes de la “comunidade”. Y todo a mucho mejor precio que en Corcovado o Pao de Azucar. Detalle no menor: “bajar” de la favela antes que empiece a oscurecer.

Esas son apenas algunas, de la cantidad enorme de atracciones de Río. Faltaron la noche, el Jardim Botanico, el hermoso barrio Umaita, la Lagoa, los centros comerciales, y anda mais. Pero sirva para ir haciendo boca…

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