miércoles, diciembre 13, 2017
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Aikido: Camino espiritual

La clave para un mundo mejor está en cada uno y se trata de saber elegir aquello que será de beneficio tanto para el cuerpo como para la mente y el desarrollo espiritual individual que luego se verá reflejado en la relación con el entorno.

Por Paola Cortés

Naturalmente, existen tantas vías de auto-conocimiento y disciplina como personas. No obstante, una de las opciones que ha logrado muchos adeptos y que no pasa de moda, son las artes marciales. Estas son conocidas no sólo por el fuerte entrenamiento físico que se lleva a cabo sino por el constante ejercicio de disciplina mental y espiritual que requieren. En particular, uno de los métodos que enseña a integrar todos los aspectos del ser humano y que además promueve la armonía a través del espíritu de la no violencia y la no competencia, es el Aikido.

Origen y características

El aikido, palabra que se traduce como “el camino de la energía y de la armonía”, es un arte marcial moderna de origen japonés, desarrollada entre 1930 y 1960. El fundador de esta disciplina fue Morihei Ueshiba, nacido en 1883 en Tanabe, prefectura de Wakayama, Japón. Era conocido por sus alumnos como O- sensei (Gran Maestro).

El método se basa en diferentes técnicas y tácticas estudiadas por su creador, tales como las artes marciales de los samuráis (Daito Ryu y aiki jujutsu) y judo. Posee maniobras de ataque, defensa, contraataque y desarme así como técnicas con armas tradicionales como la katana o sable tradicional japonés, el bokken o sustituto en madera de la katana, el que es un bastón de madera y el bastón corto japonés tambõ.

Conjuntamente con las enseñanzas para la destreza física, el aikido se completa tomando al sintoísmo y al zen como la esencia de su filosofía.

Los beneficios que se obtienen con la práctica constante se ven a nivel físico con el desarrollo del cuerpo en general, la elasticidad de las articulaciones, la corrección de la columna vertebral y la respiración. La ejecución de los movimientos exige además el estudio del equilibrio, el conocimiento y la utilización de la energía y el perfeccionamiento de los reflejos. Desde el punto de vista moral o espiritual, el aikidoka integra a su vida el respeto por el espíritu de la no violencia y por el Bushido (código de honor tradicional) y aprende sobre el valor de la amabilidad, la humildad, la bondad y el autodominio.

Se trata de una disciplina que a diferencia de otras artes marciales, tiene como objetivo disuadir y neutralizar a su adversario más que derrotarlo. Los movimientos parecen suaves o delicados, sin embargo el efecto es contundente. En la actualidad, existen más de diez estilos de aikido que fueron surgiendo gracias a la práctica de diferentes maestros, que específicamente orientaron su interés y por tanto su enseñanza en unas u otras técnicas, creando estilos propios con distintas metas.

Energía y respiración

El nombre que lleva esta disciplina se debe a la importancia que tiene el desenvolvimiento armónico de la energía del aikidoka y el fluir de la misma entre oponentes cuando se encuentran sobre el tatami. El concepto que se utiliza es el Ki, que tendría su equivalente en el hinduismo en la palabra prana, entendida como “energía vital” o “aliento de vida”. El aikido es una práctica que busca aunar todos los planos de la persona y se dice que el puente entre estas dimensiones es el Ki. El ki establece la unión entre mente y cuerpo, generando la armonía que permite una conexión total con el universo. Cuando armonía y energía (ai-ki) se unen, se producen cambios en la respiración y esto hace que la técnica fluya libremente. El ki se expresa a través de la respiración, por lo tanto una debida atención a este aspecto logrará que todo el cuerpo se beneficie y purifique con ese aliento vital, permitiendo que surja el ki auténtico, liviano y poderoso para una práctica dinámica y espontánea.

Enfoque espiritual y auto-reflexivo

Una diferencia sustancial del aikido con otras artes marciales tradicionales o deportes de combate, es que en lugar de enseñar las defensas y ataques de forma mecánica, propone que cada practicante despierte su conciencia y desarrolle una percepción emocional clara que sea la guía para su accionar, tanto dentro como fuera del dojo. Las competencias son rechazadas en esta disciplina al igual que todo tipo de actividad que sirva de alimento para el ego, que es en definitiva el que provoca los conflictos y separaciones entre las personas. Este camino no sólo fortalece la mente sino que enseña a promover una actitud pacífica y una vida en comunión con la Naturaleza y el Universo.

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