Viernes, Junio 23, 2017
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Helena Suárez

Comunicadora Feminista

Montevideo — Londres ¿Cuándo y cómo decidiste dedicarte a lo que hacés?

Es difícil explicar, ahora, a qué me dedico. He sido (y todavía soy, y, a veces, todo al mismo tiempo) desarrolladora web, gestora de proyectos digitales, productora de teatro, traductora, instructora de pilates, tallerista, organizadora de conferencias, encargada de web y redes sociales, co-conductora y productora de un programa de radio. En mis ratos libres soy blogger y fotógrafa. No puedo decir exactamente que “decidí” dedicarme a algo en específico, más bien me va decidiendo la vida a medida que veo oportunidades o me intereso en algo. Casi todas las cosas que hago tienen que ver con comunicar, con pensar, con conectar personas, con esparcir conocimientos; tienen que ver con mi práctica activista: feminista y defensora de los derechos humanos. Ahora, principalmente, estoy en Londres completando una maestría en sociología sobre el tema “Género, Medios y Cultura” y soy la otra (H)elena, junto a Elena Fonseca, del podcast semanal #InformativoFeminista de Radio Nunca en Domingo/Cotidiano Mujer.

¿Qué es ser activista, si es que te consideras así?

Para mí ser activista tiene que ver, justamente, con activar, con movilizar, con generar. La política es “el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de un grupo o sociedad.” Las feministas, además, decimos “lo personal es político”, tanto en la esfera privada como en la esfera pública son espacios de incidencia política. Las feministas demostraron que el cuerpo, las relaciones personales, la organización de la familia: todo eso es también político y espacio donde el poder entra en disputa. Entonces, el activismo es una posición sumamente política, que en primera instancia implica reconocer, analizar y cuestionar los acuerdos sociales, tanto los explícitos o los implícitos, las cosas no dichas pero que todos sabemos. Como feminista y defensora de los derechos humanos, mi activismo se basa en el reconocimiento de las desigualdades y la violencia basadas en el sistema de género, pero también las que generan el neoliberalismo y colonialismo, la discriminación por orientación sexual o identidad de género, el racismo, el belicismo. Luego, en un segundo movimiento, el activismo para mí tiene que ver con asumir una práctica transformadora, no quedarse en la queja indignada o en la resignación. El activismo es poner la esperanza en acción. Si me incomodan los acuerdos sociales tal cual están, me imagino un mundo mejor y me comprometo a activar el cambio. A generar propuestas. A contarle a otras personas. A movilizar mi cuerpo y otros cuerpos. Cuestiono, investigo, propongo, me muevo. Me junto con otras y otros que bailan en la misma dirección. Y, para mí, este activar puede ser en todos los ámbitos. Siento tan necesario el activismo de las feministas que salen a la calle a protestar contra la violencia de género, como el de las que se meten en política para intentar cambiar el sistema desde adentro, las que se comprometen a criar en igualdad, la mujer que, una vez más, suspira y tiene “esa” conversación con un amigo que pesetea a “una mina” en la barra en el boliche, o la que le explica a su primo por qué no le da risa el chiste homofóbico que escuchó en la escuela. Activar es iniciar el cambio y todo vale: conversa en la playa, graffiti nocturno, obra de teatro, taller comunitario, podcast feminista, reunión de vecinxs, manifiesto político.

¿En qué momento de tu trabajo decidiste relacionarte con temas comunitarios?

No fue una decisión de un día. Se fue dando. Siempre fui curiosa, preocupada de las noticias, Mafaldita. Y bueno, cuando emigré a Inglaterra me tuve que buscar la vida y resultó que salí buena para hacer sitios web y luego fue saliendo un trabajo y otro, hasta que me quemé de trabajar para bancos, empresas de veterinaria, diarios de derecha. Y, ta. Un día dije, “me voy a tomar un sabático”. Y resultó que casi ni había terminado de pensarlo cuando vi un anuncio de trabajo en el diario que pedían desarrolladorxs para una ONG que trabajaba haciendo sitios web y capacitando a otras ONG para que entraran en la web, y fue como obvio: “¡qué sabático, ni sabático! Me postulo para esto”. Y ahí fue la primera vez que tuve la oportunidad de usar mis “habilidades”, lo que me gustaba hacer y me salía bien, para contribuir a efectuar un cambio, en vez de para sostener lo que ya es. Apoyando a varias ONG a que puedan entrar en la web, aprender a moverse en las redes, para ser más efectivas. Por esos tiempos en Inglaterra hubo las movilizaciones masivas contra la guerra contra Irak, la vaca loca, las protestas anti-capitalistas contra el G8, el tema del cambio climático llegando cada vez más fuerte. Estaba todo convulsionado. Era un momento que, para mí, o decidías hacer algo -lo que fuera- o quedabas del lado de la gente que le importa un bledo si otras personas lo pasan mal para que vos lo pases bien. Para mí fue importante haber reconocido las oportunidades a las que puedo acceder como persona blanca, heterosexual, clase media, educada, de buena salud (la contraparte es reconocer las oportunidades a las que me es más dificil acceder como mujer, migrante, sudaca…) y decidir sacar el máximo provecho de los lugares en que estoy en una situación privilegiada para intentar efectuar un cambio (en vez de únicamente usar mis privilegios para beneficio propio). Cuando volví a Uruguay en 2012 fue muy fuerte para mí el choque contra el machismo que hay en Montevideo, mucho más virulento comparado con Londres: el acoso callejero, la tele “Tinellizada”, los asesinatos de mujeres, el discurso político-futbolero. Me sentí convertida en cuerpo totalmente. A veces tenía la imagen de ser un par de tetas caminando por la ciudad. Y bueno, de ahí a entrar de lleno en el activismo feminista, fue inevitable también. Otra vez esa sensación de “o hacés algo, o estás contribuyendo a que todo siga como está”.

¿Cómo es el día a día de la actividad?

Pueden ser mil cosas. Cuando estaba en Montevideo estaba a cargo del sitio web y redes sociales del colectivo feminista Cotidiano Mujer (cotidianomujer.org.uy). Durante los tres años que trabajé en el colectivo estuve a cargo de apoyar al comité organizador de la conferencia anual “Jornadas de Debate Feminista”, que se convocan desde Cotidiano Mujer y tienen lugar en la Facultad de Ciencias Sociales. También di varios talleres sobre género y medios, en distintos ámbitos: desde como formación para comunicadorxs, pasando por espacios comunitarios, hasta como una actividad para personas en situación de calle. Y, por supuesto, ahora dedico bastante tiempo a preparar el podcast semanal con Elena Fonseca. Esto en lo que vamos a decir vendría a ser “trabajo remunerado”, después están las cosas que hago como voluntaria, como participar en marchas y otras acciones (y a veces apoyar la organización de las mismas), ayudar a escribir un comunicado de prensa o ser vocera para alguna entrevista. También llevo, en paralelo con otras activistas feministas, un mapa de feminicidios en Uruguay (bit.ly/mapafeminicidioUY).

Y más allá de lo que es “trabajo”, está la vida misma. Por ser activista, y especialmente feminista, te pasa mucho recibir, por ejemplo, que te llame alguien porque “como sos feminista, capaz que me podés ayudar…”, veces pidiendo información sobre los servicios de aborto (0800 8843) o atención a víctimas de violencia doméstica (0800 41 41).

Entonces un día puede ser que me levante y empiece a ojear las noticias para ver si hay algo especialmente interesante desde un punto de vista de género o feminista o de derechos humanos. Puedo tener conversaciones por Whatsapp o Skype con otras activistas que están preparando, por ejemplo, una Maratona Radial Feminista para el 8 de marzo, o coordinando las acciones para el Paro de Mujeres del 8 de marzo. Puedo charlar con una amiga. “Pelearme” en las redes con alguna persona (en general hombre) haciendo comentarios desubicados o desinformados —esto último trato de evitarlo porque es un desgaste y no te lleva a nada más que a calentarte, pero a veces hay cosas que lees que te indignan demasiado (“algo habrá hecho” o “es que hay mujeres que no saben medir” cuando ponés una publicación sobre un feminicidio). Los martes toca grabar con Elena y pasarme toda la noche editando el podcast que sale los miércoles. Un mal día, toca actualizar el mapa.

¿Cuál es tu lucha?

No me gusta plantearlo como lucha. Si soy “anti”, es porque estoy “a favor”. Mi deseo y mi accionar se mueven por los derechos humanos, por los derechos de las mujeres y por la justicia social. Por de un mundo más justo, más feminista. Soy feminista porque me parece mal que las mujeres tengamos un rol subordinado en la sociedad y porque estoy en contra de toda forma de discriminación y opresión. Me parece mal que se piense que como mujer si no sos madre no estás completa, que sin pareja no tenés posibilidad de ser feliz, que no te puede interesar la política o el deporte, o que no te da la cabeza para hacer ingeniería. Y por supuesto, lo más urgente, que es eliminar la violencia machista o violencia basada en género. No puede ser que sigan habiendo mujeres asesinadas por ser mujeres.

No es un concepto tan difícil de entender. Es claro que si alguien mata un hombre negro gritando “¡muerte a los inferiores!” es un ataque racista: fue asesinado por ser negro. Bueno, si un hombre mata a una mujer gritando “¡Puta! sos mía o de nadie” es un ataque machista: fue asesinada por ser mujer, considerada propiedad del hombre

¿De qué forma crees que lo que haces puede ayudar a hacer de este un mundo mejor?

Creo que un mundo mejor sería un mundo donde las personas TODAS son respetadas y tengan las mismas oportunidades de vivir la vida a su manera, sin importar su género, etnia, edad, orientación sexual, capacidades… o sea, que sean respetadas POR ser diferentes (no “toleradas”). De hecho, pienso que en un mundo mejor los conceptos de género, etnia, clase, entre otros, quedarían obsoletos. Ahora las categorías son importantes porque para lograr más derechos y reparar injusticias hay que reconocer las formas en que distintas personas sufren opresiones por motivos específicos, pero en un futuro… ¡Derribemos las categorías!

Entonces lo que yo hago es comunicar, aprender, generar nuevos conocimientos. Vivir lo más coherentemente posible con mis principios también. Una vez alguien me dijo que conocerme le había mostrado que había otras maneras de ver las cosas aunque no estuviera de acuerdo conmigo en todo. Para mí eso fue ¡genial! Si a través de mi trabajo, de mi activismo, logro que alguien cuestione y, de repente, piense que sí se puede cambiar las cosas…me siento feliz.

¿Qué impulso te gustaría dejar activado para que otras sigan tus pasos?

La curiosidad. La esperanza. La posibilidad de acción. Cada persona puede marcar su diferencia.

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