viernes, noviembre 17, 2017
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Margarita Palatnik

Defensora de la Permacultura

Maldonado ¿Cuándo y cómo decidiste dedicarte a lo que hacés?

El día que empecé a guardar semillas de las verduras y hortalizas cosechadas en casa empecé a tratar de encajárselas a todos mis allegados. “Tomá, llévate unas semillas de bla, bla, bla”. Lo mismo con los plantines que hago de más, el instinto inmediato es buscarles hogar, donde sea. Entonces te convertís en la persona que regala plantines a diestra y siniestra, a veces a gente que lejos de sentirse beneficiada te mira con cara de “qué hago ahora con esto”. Actúo como que descubrí la forma de colocar una canilla de dinero en casa, y quiero compartir la dicha.

A medida que fui aprendiendo técnicas y sistemas para que sea más fácil cultivar, para hacerlo con más éxito, ahorrar tiempo, o beneficiar a otras formas de vida más allá de nosotros, pasé a modalidad evangelizante. Hace años que pronuncio la palabra “permacultura” y me responden “¿Perma qué?” Hoy en día cada cien “perma qué” encuentro alguien que ya escuchó hablar, es reconfortante.

¿Qué es ser activista, si es que te consideras así?

Yo tenía otro calificativo menos halagüeño, pero bueno, digamos que es promover algo que excede tus intereses inmediatos.

¿En qué momento de tu trabajo decidiste relacionarte con temas comunitarios?

No tengo espíritu comunitario. Soy individualista. Creo en el impacto que puede tener lo que yo hago más que lo que pueda organizar con aglomeraciones de personas. Entiendo el poder de los esfuerzos mancomunados pero no lo siento. En mi experiencia las dinámicas humanas son difíciles de gestionar, así que yo hago lo mío, actúo en el uno a uno, tiendo redes para captar espíritus afines -mucho en redes sociales- y si alguien se siente inspirado, estoy ahí para dar una mano.

¿Cómo es el día a día de la actividad?

Tengo dos vidas. Por un lado tengo un comercio donde trabajo 7 días por semana, y por otro, LA HUERTA y EL JARDIN, así con mayúscula. Ahí estoy entre una y cinco hora diarias, según mí estado físico, el tiempo, la urgencia. Durante mucho tiempo tuve alguien que me ayudaba, luego durante un año hice el experimento con voluntarios, y hoy tengo la ayuda ocasional de mi marido, y un equipo de tres jardineros que vienen medio día por semana. Como hay una hectárea que cultivar y mantener, cuando voy llegando a casa de noche voy pensando qué es lo más más más urgente a lo que le puedo dedicar tiempo al otro día, cuál es el esfuerzo con mayor impacto. Me despierto pensando en esa urgencia, y ahí salgo, ya sea a dar vuelta las montañas de compost, a sembrar almácigos al invernáculo, a arrancar yuyos, podar tomateras, a regar, o a cosechar, que es diario, etc.

¿Cuál es tu lucha?

Mejorar la calidad de lo que comemos y asumir responsabilidad por el impacto de nuestra existencia, en particular en lo que se refiere a hábitos alimentarios. Todo el mundo debe cultivar aunque sea algo de los alimentos que ingiere. Una vez que cultivás, empezás a entender qué sustenta la vida: la del hombre, de los animales, de los microorganismos que trabajan la tierra para que nosotros podamos comer. De ahí pasás a entender que nuestra vida moderna conlleva un sinnúmero de seres afectados. ¿Cuántas plantas, lombrices, aves y hongos mueren para que tú puedas comer tu albóndiga vegana con brotes de soja? Cuánto cuesta al planeta el hecho de que nadie quiera cocinar en su casa, y prefieran “delivery”? ¿Cuánto desperdicio tiene el envase o de una porción de ensalada que ha viajado cientos o miles de kilómetros, pasado por heladeras varias y viene en un recipiente de plástico recubierto con un sobre de cartón impreso en letras verdes para dar la sensación de ecológico? ¿De dónde viene la leña de monte que usa la parrillada de la esquina? El costo ambiental es menor si comprás las verduras en la feria orgánica una vez por semana, otros ítems de almacén a granel una vez por mes o por trimestre o por año, si preparás las viandas en tu casa, las llevás en un recipiente perdurable, y hacés el asado con leña que no provenga de los montes nativos y ribereños, por ejemplo.

¿De qué forma crees que lo que haces puede ayudar a hacer de este un mundo mejor?

Comer mejor nos beneficia de forma obvia. Desmonetizar la parte más esencial de nuestras vidas (sin comer no duramos mucho) también es importante para todos. Atomizar la producción de alimentos reduce vulnerabilidades sistémicas. Pero el mundo también incluye seres no humanos, y los tenemos a todos contra las cuerdas.

¿Qué impulso te gustaría dejar activado para que otras sigan tus pasos?

Me alegro mucho cuando alguien empieza a cultivar algo en su casa. Como “huertear” es contagioso, cada uno que arranca tiene un efecto exponencial! Si además logro que lean un libro de permacultura, con eso puedo decir cartón lleno.

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