viernes, noviembre 17, 2017
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Abrazar mi humanidad

Este mes de mayo no es un mayo cualquiera para mí. En Uruguay todos los años se celebra el día de la madre en mayo, y para mí es un doble mes de la madre, porque mi mamá nació en mayo. Y murió en mayo. Lo diferente no es el nacimiento, ni la muerte de mi mamá, las dos cosas fueron hace tantos años que son un clásico de mayo para mí. Digo que este mayo es diferente a los otros años, porque me encuentra sintiendo las emociones con una intensidad mayúscula.

Por Alejandro Corchs

Fluyo en la marea de los sentimientos, sin naufragar en las olas del dolor, el cansancio o la tristeza. Debo confesar que me sorprende la intensidad de la marea. Estoy conmigo, y la pureza de mi corazón liviano es el salvavidas ante la mentira. No busco un resultado y eso me mantiene a flote ante cualquier tempestad. Busco caminar con el corazón adelante y eso siempre atraerá al sentimiento. Estoy vivo. Siento el latido de mi corazón y la gratitud brota. Estoy vivo. Siento el dolor.

Es desagradable, y además cuando estoy cansado, es mucho más difícil de manejar. Descanso cuando puedo, y hasta disfruto de las olas dolorosas que me revuelcan en la orilla del agotamiento. Estoy vivo y eso quiere decir que todavía me queda mucho por hacer. Busco el equilibrio entre dar y recibir, y cuando no doy más, voy a contarle mi situación a mi mamá. Yo sé que te dije que mi mamá se murió. Y es verdad. Ya no tiene cuerpo y su personalidad tampoco existe más. Sin embargo, su espíritu es eterno, como el de todos los seres humanos, y hace varios años se me presentó en medio de una tormenta de desamparo, y me dijo con la autoridad de una madre: “Aunque me haya muerto, yo siempre soy tu mamá, y siempre estoy contigo para ampararte. Elegí un lugar. Elegí el que a vos te guste más, puede ser a la sombra de un árbol, el que vos quieras.

Y no te digo que elijas un lugar porque yo esté allí, yo estoy siempre contigo, en cada momento de tu vida dentro de tu corazón. Te digo que elijas un lugar para que seas consciente de que cuando vas allí, me vas a visitar, a buscar mi amparo.

Imaginate que es domingo y venís a casa a visitarme, y mientras te espero, amaso tallarines. Imaginate que te sentás al costado de la mesa mientras amaso y me contás lo que te pasa. No importa si vos me escuchás a mí, yo te escucho a vos”.

Mientras me explotan las lágrimas de los ojos, reflexiono: La muerte disuelve las máscaras, destruye los títulos y aniquila las posesiones, pero lo real permanece siempre igual. Podrán morir nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros hijos, nuestros hermanos y hasta nuestros amigos. Solo los perderás si seguís buscándolos afuera, y no te das cuenta de que volvieron al gran adentro.

Siempre seré hijo de mis padres, y padre de mis hijos. La muerte no destruye lo que Soy. La vida viene de adentro y vuelve adentro. Por ejemplo en lo biológico: la vida viene de adentro del padre y se une adentro de la madre. Luego el hijo se gesta adentro de la madre. La madre toma energía para gestar a su hijo, de los alimentos que vienen de adentro de la Madre Tierra. Cuando nos morimos, nuestro cuerpo vuelve adentro de la Madre Tierra.

En vida, la puerta que lleva adentro es tu corazón.

¡Te deseo un muy feliz día, Mamá! A vos, a mi suegra, a la mamá de mis hijos, y a todas las madres, mi más profundo agradecimiento y admiración. Ver el parto de mis hijos, me enseñó la dimensión de semejante amor. Les doy las gracias, sin palabras, con una mirada a los ojos y la mano en el corazón.

A vos, lector, te deseo un muy dulce encuentro con tus seres queridos que partieron primero, ellos te acompañan desde adentro. Y te recuerdo que si la marea de la vida quiere que sigamos vivos, es porque nosotros tenemos mucho para hacer aquí afuera. Ellos, los que ya volvieron adentro, ya hicieron lo que tenían que hacer de este lado de la vida. La pregunta es: ¿vos lo estás haciendo? Ellos saben que apenas termines de madurar afuera, la marea de la vida te devolverá adentro.

Ahora los dejo, porque las lágrimas me recuerdan que necesito pasar por la casa de mi mamá, para que me amase unos tallarines y abrace mi humanidad.

Con todo cariño, hasta el próximo número.

Pd: si tu vieja está viva, soltá lo que tengas que soltar y no te olvides de recibir su abrazo. De paso, comete unos tallarines por nosotros, que es lo único que no pudimos hacer.

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