miércoles, diciembre 13, 2017
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El equilibrista

La palabra infinito, que describe una de las cualidades del Espíritu, es muy difícil de integrar a nuestro cotidiano, y a la vez, es el desafío de Ser humano. Estar presente aquí y ahora, sin perder la perspectiva del camino.

Por Alejandro Corchs

En nuestra realidad exterior, el equilibrio a nivel mundial, está balanceado por la relación entre oriente y occidente, occidente y oriente. El equilibrio en el mundo social humano, pende de esta relación, este balance, estos encuentros y desencuentros. En nuestra realidad interior, el equilibrio de nosotros mismos también es el resultado de la relación entre estas dos fuerzas. Veámoslo afuera para integrarlo adentro:

Oriente, es el primero que se encuentra con el Sol. La dirección del Este, para todas las culturas nativas americanas es la puerta de la vida, la humildad, la tenacidad y la iluminación.

Occidente, es el último que se despide del día. La dirección del Oeste, es la puerta de la magia, la entrega, la muerte y el nuevo comienzo. Para los pueblos nativos, cada nuevo ciclo comienza en el atardecer, como el año comienza en la entrada del invierno, así como la vida comienza en la oscuridad pura del vientre de una mamá.

Afuera vemos una y otra vez la competencia por demostrar cuál de estas dos partes es mejor. ¿Oriente u occidente? ¿Cuál es la primera? ¿La más fuerte? ¿La más inteligente? ¿Cómo sería integrar las dos fuerzas en mi corazón? Ya que, de hecho, están unidas y siempre danzarán entre sí.

¿Cómo sería aceptar que cuando una de las dos partes gana, todos perdemos? Porque el hecho de que una parte “gane”, es solo una tramposa ilusión. Delgada es la línea del equilibrio, porque cada vez que nos acercamos a ella, se vuelve a abrir un espacio nuevo. Cada vez que me acerco al punto del centro, observo que eso que desde lejos parecía solo un punto, de cerca es un espacio gigante, que tiene nuevas leyes y desafíos. Donde, una vez más, deberé buscar el equilibrio del centro.

A continuación van ejemplos de cómo se manifiesta esta cualidad del Espíritu, en nuestra experiencia humana:

Cuando te acostumbraste a estar en tu casa, comienza el jardín de infantes. Cuando te acostumbraste al jardín de infantes, comienza la escuela. Cuando te acostumbraste a la escuela, comienza el liceo. Cuando te acostumbraste al secundario, comienza la universidad o el trabajo. Cuando te acostumbraste al trabajo, te despiden o te ascienden. Cuando te acostumbraste a la universidad, te recibís o renunciás. Cuando le diste el lugar justo al trabajo, te jubilás, te despiden, o te vuelven a ascender. Cuando sos niño y aprendiste a relacionarte con amigos, comienza la revolución de las hormonas y las relaciones de pareja. Cuándo aprendiste el disfrute de estar en pareja, comienza el desafío de vivir juntos. Cuándo lográs vivir juntos, comienza el desafío de la casa propia. Cuando lograste la casa propia comienza el desafío de las vacaciones, o la casa en la playa, o las ganas de ser papás. Luego del primer hijo vendrá el segundo, tal vez el tercero y de pronto el cuarto. Cuando los niños crecen, comienza la recuperación de la pareja postergada por la crianza. Cuando recuperamos el espacio de pareja, nace una nueva crisis. Cuando los hijos se van de casa viene un nuevo conflicto. Cuando los hijos encuentran pareja viene un nuevo desafío, llamado nuera y yernos, con todo lo que venga con ellos. Cuando nacen los nietos, y tenés toda la experiencia de la vida, viene el momento de dejar de ser madre y pasar a ser abuela. Es todo un desafío dejar de ser padre y aprender a ser abuelo, acompañar a tus hijos mientras ellos toman sus decisiones en la crianza de tus nietos.

Podría seguir escribiendo páginas, y por supuesto que en muchas curvas de la vida, algunos tomamos para la derecha y otros para la izquierda. Algunos morirán jóvenes y no llegarán a conocer ciertas etapas. Otros preferirían haberse muerto en lugar de los que se murieron. Infinito es algo que no termina. ¿Cómo integrar la consciencia del infinito a nuestra experiencia humana? Estar presente aquí y ahora, sin perder la perspectiva del camino.

Desde este lugar, nos damos cuenta de lo inútil que es creer que la felicidad es una estación de destino: “Cuando tenga esto voy a ser feliz, cuando ocurra lo otro voy a estar contento, o me voy a permitir aquello”. Visto desde aquí, cada final solo abre un nuevo comienzo. Con todos los desafíos que acarrea un nuevo comienzo.

Desde el infinito, felicidad es una forma de vivir, una elección, una forma de caminar. Felicidad no es quedarme pegado a los momentos dulces de la vida, felicidad también es animarme a estar presente, con el corazón abierto, en los tiempos amargos. Felicidad es reconocer que en este viaje a través del infinito estamos de paso y, como dijo Antonio Machado y cantó Serrat: “Caminante no hay camino. Se hace camino al andar. Golpe a golpe, verso a verso”.

En estos tiempos de inmediatez, las personas queremos que las cosas ocurran ya, y si no ocurren enseguida, nos desmoronamos y abandonamos nuestros sueños.

¿Dónde dejamos al disfrute de la perseverancia?

Si las cosas siempre estuvieran bien, ¿de dónde nacerían las proezas épicas? Estas líneas no buscan hacer un culto al sacrificio. Son una invitación a disfrutar cada paso, sin perder de vista el final del camino.

Muchas personas andan por la vida en busca de soluciones inmediatas, apuradas, huyendo, escapando. Si vieran que el final de la vida es la muerte, no correrían tanto, y disfrutarían de sentir cada paso.

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