viernes, noviembre 17, 2017
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Vulnerable

“Los seres humanos estamos todos infectados de una enfermedad mortal, se llama Vida”. Alejandro Spangenberg.

Integrar mi muerte a la vida cotidiana me ayudó a no perderme en lo urgente y reconocer lo importante. Cuando salgo de casa me doy el momento para darles un beso a mi esposa y a mis hijos, e intento expresarles el amor que siento por ellos. “Seguro que muchas personas de las que salen hoy, no podrán retornar. Yo podría ser una de ellas”, pienso para enfocarme.

Por Alejandro Corchs

Cuando me presiono por alguna responsabilidad, miro hacia mi muerte y evalúo qué tanta atención quiero prestarle. A veces siento una cosa, otras veces siento otra, pero camino eligiendo en cada momento. Cuando me encuentro con un ser querido, intento expresarle todo lo que siento por él o por ella.

Tal vez ésta sea la última oportunidad de darle un abrazo¨. Hace años que vivo de ésta manera. Al comienzo era muy intenso porque tenía que liberar todas las emociones que no le había dicho a mis seres queridos. Luego de la liberación de los pendientes, me encontré despidiéndome casi igual que antes. Digo “casi”, porque el pequeño gran detalle es estar despierto ante la vulnerabilidad y eso sigue siendo intenso en cada momento.

Tal vez no lo vuelva a ver nunca más¨. Confieso que ya me ocurrió varias veces que alguien se muriera, y desde que vivo sin pendientes, la vida me encontró sereno y distendido de haber dado lo mejor de mí. No me ahorró el dolor de la pérdida, pero me ayudó a integrar lo pequeño que soy. Acepté lo que podía controlar y tomé las riendas de mi corazón. Entregué lo que no podía controlar, y lo vuelvo y volveré a entregar, cada vez que me agarro al temor. No es una entrega sencilla. Como todo ser humano, me siento frágil y vulnerable ante lo que no puedo controlar.

Es curioso, intentando perderle el miedo a la muerte, me encontré con el miedo al dolor. Me encontré con el miedo a vivir y que me duela. Me encontré con el miedo a la vida. ¡Qué difícil es esto de estar vivos y tener relaciones que amo! Me siento vulnerable ante la muerte y también ante la vida. Tengo claro que no soy un ser débil. Tengo claro que la mayoría de las personas no se animan a sentir su vulnerabilidad. Para mí no es fuerte alguien que sabe dar un piñazo o que reacciona con violencia. Eso es ignorancia de las leyes de la vida. Todo lo que le hacemos a los demás, nos lo hacemos a nosotros mismos. Esa fuerza que pusiste hacia otro, volverá en tu propia contra y te impactará multiplicada. Reaccionar sin control de tu elección no es fuerza, es ignorancia de tu verdadera naturaleza.

El día que quieras reconocer tu verdadera naturaleza vas a tener que dejar de reaccionar sin control, y reconocer lo que podés controlar y lo que no. Para volver a entregar lo que no podés controlar y tomar las riendas de lo que podés elegir. Me descubrí sosteniendo la falsa creencia de que ya no me iba a pasar nada doloroso, porque ya me habían pasado grandes dolores. Tuve que bajar esa ilusión para darme cuenta que estaba vivo y seguía siendo vulnerable. Descubrí que mi mayor vulnerabilidad me iba a acompañar en cada momento de mi vida y también hasta en el momento de mi muerte. Cuando iba a tener que entregarle a la vida a mis hijos y ya no podría abrazarlos en sus momentos de vulnerabilidad. Recé para que ellos pudieran encontrar buenas personas que los acompañaran bien cuando yo no estuviera. Reconocí que mis padres tuvieron que atravesar ese momento conmigo siendo un bebé, y agradecí la fuerza del amor de sus corazones que en su momento de mayor vulnerabilidad rezaron por mí y me entregaron a la vida para aceptar la muerte. Recé para que todos pudiéramos estar preparados y con la menor cantidad de pendientes posibles, para cuando llegara el momento inevitable de la partida. Sé que no tener pendientes no me alivianará el dolor de la pérdida, ni a mí, ni a mis seres queridos. Descubrí que no puedo controlar quien marchará primero, pero también descubrí que la intensidad del dolor de la pérdida, es directamente proporcional a la intensidad del amor que vivimos en relación. Si tengo miedo de sentir un dolor tan grande, es porque detrás hay un amor más grande aún. ¡Así que a disfrutar ahora del amor que nos unió!

Escuché de un poeta anónimo: ¨Lo único que quiero heredarle a mis hijos es el entusiasmo por la vida, el resto viene solo¨. Sin duda alguna, heredé de mis padres el entusiasmo por la vida, entonces festejé que existe algo que ni siquiera la muerte puede vulnerar. Algo que me permite entregarme a vivir y ser vulnerable. Algo que me invita a abrir el corazón y dejarme sentir rodeado de los seres que amo. Algo invulnerable que me invita a amar y a ser amado, algo que me invita a correr riesgos y me sostiene para ser vulnerable. A ese “algo” no necesito ponerle nombre. A ese “algo” solo quiero agradecerle por reconocer el mismo amor en los ojos de mis padres que en los ojos de mis hijos. En los ojos de mi esposa, mis amigas y mis amigos. Algo que veo en mi familia de sangre y en todos los seres vivos. Algo que veo a todas partes donde voy, incluso lo encuentro en mis ojos cuando me miro al espejo. Algo que no puedo controlar, pero me sostiene. Reconozco que me gusta sentirme sostenido por algo, sobre todo por este “algo” que no me dio consejos, me dio la oportunidad de descubrir quién Soy. Algo que no tiene hijos preferidos y a todos nos sostiene por igual. Algo que nos invitó a jugar a la vulnerabilidad.

Con todo cariño, hasta que algo nos vuelva a encontrar.

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