Sábado, Agosto 19, 2017
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Parir con parteras

La madre de Sócrates, Phaenarete, era partera. Hipócrates formalizó la formación de parteras en Grecia en el siglo V A.C. También la Biblia hace alusión en el Libro del Éxodo, al coraje y valentía de las parteras que se opusieron al Faraón quien había mandado asesinar todos los bebés varones de mujeres hebreas. En 1452 en Alemania queda regulado por ley que en todos los nacimientos debía estar presente una partera.
La partería es una de las profesiones más antiguas del mundo.

Por Silvana Barlocci – www.silvanabarlocci.com

Las parteras han sido conocidas también como madrinas o matronas, ambas palabras derivan del latín matrina, que a su vez proviene de mater y matrix, que significan madre. De latín cumatre surge la palabra comadre y comadrona, que es quien tiene la función de acompañar el proceso de pasaje hacia la maternidad. Sage femme es el nombre que reciben en francés las parteras y significa mujer sabia, en inglés se las denomina midwife que sería con mujer”.

Acompañar a otras mujeres en el momento de dar a luz implica un temple especial, un manejo delicado entre cuestiones mundanas y sutiles, entrar y salir con precisión desde lo terrenal hasta las aguas más profundas del psiquismo de la mujer que está alumbrando.

Siempre existieron mujeres más grandes y expertas acompañando a mujeres más jóvenes durante pasajes trascendentales como la menarca, vida sexual, parto, puerperio y menopausia.

Luego fue con la aparición de la tecnología que se llegó a creer que la medicina y la ciencia iban a salvar a la humanidad de todos los males y todos los riesgos posibles, llegando así a un desequilibrio que echó por la borda un saber sutil y ancestral que había pasado de generación en generación sobre el parto y sus procesos. Es así que parir dejó de ser un acto fisiológico para convertirse en un acto médico, y las parteras fueron de algún modo marginadas. El saber arcaico, intuitivo e instintivo, de algún modo fue quedando relegado al saber académico y científico y a un alejamiento del auto-conocimiento y del funcionamiento del propio cuerpo y sus necesidades.

Más adelante es que surge el movimiento que intenta retomar la humanización del parto, y plantea que la mujer sea la protagonista del mismo y que toda acción que se ejerza en ella sea para facilitarlo y no para intervenirlo. La propuesta apunta a que un nacimiento humanizado, no excluya la presencia del médico, sino que incluya un equipo formado por distintos profesionales trabajando en armonía al servicio de la mujer y su familia. Durante el parto la mujer debe sentirse empoderada y contenida por el equipo que la acompañe. El parto es un proceso fisiológico complejo que depende del sistema nervioso autónomo y no obedece al control racional de la mujer. Por lo tanto, para que se desarrolle con éxito, lejos de invadirla con procedimientos, es aconsejable confiar en su propio ritmo y evolución. Hoy estaríamos llegando a una unión de ambos paradigmas, ya que la evidencia científica ratifica que el proceso del parto se da de manera más exitosa y segura cuando se lleva a cabo en un ambiente de intimidad, calidez y sosiego.

La partera se especializa en la atención del parto normal y se caracteriza por respetar y acompañar los tiempos que implique el proceso del parto, realizando mínimas intervenciones para que todo se desarrolle de la manera más natural posible, y acompaña a la mujer y su familia también en aspectos emocionales durante el proceso.

El médico ginecólogo y la partera poseen por formación perfiles muy distintos pero son complementarios en su labor, su relación laboral debería ser de cooperación y respeto. Si surgiera un problema o riesgo, la partera remitirá a la mujer al ginecólogo, así como cualquier profesional de la salud podría remitir a un paciente a otro especialista. No en una postura de inferioridad sino de colaboración y complementariedad.

En Uruguay la Escuela de Parteras pertenece a la Facultad de Medicina de la Universidad de la República. El perfil profesional de las egresadas es el de una profesional que con formación científica y actitud responsable, proporciona una atención integral a la mujer a lo largo de su ciclo vital. También la promoción de salud, prevención de patologías, diagnóstico de las mismas y rehabilitación, cuidado orientado hacia la mujer y su hijo en cuanto al control de embarazo, asistencia durante la gestación, parto y puerperio normal, asistencia al recién nacido sano y al lactante. Y aún más, asesorar y brindar educación para la salud, no sólo a la mujer, sino a toda su familia y entorno, dentro de su comunidad.

La labor de la partera excede lo que sería solamente el parto, sino que también se ocupa de la salud de la mujer y la acompaña durante todo su ciclo vital. Su tarea abarca asesoramiento en anticoncepción, pueden realizar inserción de dispositivos intrauterinos, controles de prevención de cáncer génito mamarios y tomas de papanicolau. A su vez se ocupan de tareas comunitarias de difusión y promoción de derechos humanos, sexuales y reproductivos.

Podríamos decir que la práctica de las parteras significa un apoyo fundamental para las mujeres en el empoderamiento sobre sus vidas, sus decisiones sexuales y reproductivas, sus cuerpos, funciones y su toma de decisiones al respecto.

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